Toca pelotas, esos grandes desconocidos

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Reflexiones


Toca Pelotas:

Hoy el post no va de fútbol, a pesar del título. Hoy va de despellejar a esa gente que pasa por la vida tocando las pelotas a sus semejantes pero que, desde su reducido intelecto, creen que es al revés. Desde aquí, les doy las gracias, ya que ellos son fuente inagotable de inspiración para mis novelas; ya sabéis que siempre debe haber personajes «gilipollas» en las historias.

Si vives en una comunidad de vecinos, seguro que ya has identificado al «toca pelotas» de turno. Ese buen samaritano que baja la basura en el ascensor, dejándolo perdido, que nunca cierra la puerta del edificio, que aparca en su plaza de garaje ocupando parte de la del vecino y que, curiosamente, es el que más se queja en las reuniones de vecinos.
Por desgracia, este tipo de personajes salen a la calle y comparten su habilidad de «toca pelotas» con otros conciudadanos; no hay nada como ser generoso y compartir tus dones. Estos «involucionados» de la sociedad, los puedes encontrar en todas partes: en el súper, en los restaurantes, en el cine, en la calle, en la oficina…

De oca a oca y tiro porque me toca:

Por mi experiencia personal, creo que los toca pelotas suelen ir al cine en manada. Es rara la vez que vas a ver una peli y no topas con uno de estos desalmados. Desde el que no para de dar pataditas al asiento de delante, sin tener en cuenta a la persona que hay sentada en él, hasta el que mete la mano en la bolsa de caramelos provocando tal ruido que cuesta hasta escuchar los diálogos (suele pasar en el momento más interesante de la película).
A veces, estos comportamientos incívicos, alcanzan niveles insuperables. Y lo peor de todo es que parecen ser contagiosos. El caso más claro: cuando compras entradas numeradas y alguien decide ocupar tu asiento en lugar del suyo (no por error). A ese sujeto voy a llamarle toca pelotas número 1. Después, llega el toca pelotas número 2. El que, al ver su asiento ocupado por el toca pelotas número 1, en lugar de pedirle que se levante y ocupe su butaca, opta por la opción más estúpida de todas: sentarse en la butaca de un espectador que todavía no ha llegado. ¿Qué pasa a continuación? Pues es evidente. Que llega el siguiente espectador y, o bien imita a los toca pelotas 1 y 2, o bien hace lo correcto, y pide al toca pelotas número 2 que le ceda el sitio (que para eso ha comprado entradas numeradas).

El problema empieza cuando el toca pelotas número 2 mira al espectador que acaba de llegar y, en lugar de pedirle disculpas, y apañárselas él solito con el toca pelotas número 1, va y le suelta:

Es que mi butaca está ocupada. (traducción: si me jodo yo, te jodes tú)

¡Claro que sí, guapi! Y es que entre los toca pelotas hay compañerismo. Si hay que joder a alguien, que sea al que se comporta de forma normal. A veces me pregunto si deben tener algún club secreto, tipo Club Bilderberg, o si al verse se hacen algún saludo especial, como los miembros de las logias masónicas.

Buitres ocupa huecos:

Los toca pelotas son oportunistas y jetas; seguro que los que leéis el post los habéis sufrido en vuestras carnes. Son esas personas que cuando tienen que acudir a un lugar con gran concentración de personas, nunca tienen prisa para ir a coger el mejor sitio. ¿Para qué? Ellos tienen una táctica más efectiva, que seguro que os va a sonar.

Los toca pelotas buitres ocupa huecos, son los que, en verano, se presentan en la playa en hora punta, cuando más abarrotada está y ya no queda ni un centímetro cuadrado para colocar la toalla, o el parasol. Pero eso no es ningún obstáculo para ellos. Ni cortos ni perezosos, se dirigen a primera línea de mar (donde están todos los bañistas que han madrugado para tener ese lugar privilegiado) y extienden sus toallas sin ningún tipo de miramiento ni pudor. Si tienen que poner los pies sobre tu toalla, los ponen. Si tienen que cortar el único pasillo que se ha creado para acceder al mar, obligando a todos los que no están en primera fila (el 99% de bañistas) a dar una vuelta de quilómetro y medio para remojarse sin tener que pasar por encima de la gente que está tumbada sobre la arena, lo cortan. Si tiene que esparcir sus cachivaches (toallas, flotadores, bolsas, nevera, sombrilla, etc.), obligándote a encoger los brazos y las piernas para caber en el mismo espacio donde segundos antes estabas tan ricamente espachurrado (tú, que te has levantado a las 6 de la mañana), pues los esparcen. ¿Qué problema hay? Ellos son toca pelotas profesionales. No importa la edad, el nivel cultural, o los ingresos anuales. Se trata de un modus vivendi que no entiende ni de raza, ni de género, ni de religión.

Estos especímenes hacen lo mismo en conciertos, desfiles, cabalgatas o espectáculos callejeros. Aparecen como setas, por sorpresa. Suelen ir en grupo. El líder de los toca pelotas va al acecho y, en cuando ve un resquicio entre la multitud, por pequeño que sea, se coloca. Es como un virus inyectando su ARN en una célula sana. Ocupa el espacio sibilinamente, empujando a los que llevan horas de pie para estar en primera fila, hasta conseguir que los miembros de su grupo-familia, los otros toca pelotas, ocupen posiciones junto a él; relegando a los que estaban allí antes que ellos a segunda o tercera fila.

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Nacen, crecen, se reproducen y… tocan las pelotas hasta morir:

Sí amigas, los toca pelotas se reproducen, dando lugar a los mini toca pelotas. Niños que hacen honor a sus progenitores, dando por el culo a todos aquellos con los que se cruzan. Pequeños Gremlins impertinentes que estarían mejor en el zoo, pero que en una sociedad plural y tolerante, hay que soportarlos.
Los mini toca pelotas son esos críos que cuando te los encuentras en un avión, te preguntas porqué no habrá billetes «libres de niños». Yo, con tal de no encontrármelos, hasta estaría dispuesta a ocupar asientos más pegados unos a otros. Aunque eso me obligara a sentarme en la postura de Loto durante todo el viaje a riesgo de que se me gangrenaran las piernas (nota: hablo de los niños mini toca pelotas, no de los niños en general). Cualquier cosa antes que soportar engendros diabólicos que gritan, chillan, patalean y aporrean asientos ajenos ante la atenta mirada de sus padres, los cuales adoptan el papel de toca pelotas pasivos. Ahora podríamos entrar en el eterno debate de «¿Por qué tengo que soportar a los hijos de los demás (sobre todo a los hijos de los toca pelotas)?» Aunque para no herir sensibilidades, mejor plantearlo de esta manera: «El papel de los anticonceptivos como método para proteger a la población».

Eso me recuerda a lo que pasó en un camping donde iba a veranear un pariente mío. Un buen día, aterrizó una familia toca pelotas; con niños incluidos. El más pequeño, era de los más gracioso (huelga decir que la gracia solo se la veían sus padres, claro está). Al chavalín se le antojó tocar las pelotas al vecino que había en la parcela contigua. Un pobre hombre que cada vez que se agachaba, para recoger algo, tensar los vientos de la tienda de campaña, o cualquier otro menester, recibía una patada en el trasero por parte del mini Hooligan. Los padres de la criatura, los toca pelotas adultos, se sentían súper orgullosos de él, y no paraban de reírle las gracias. Mientras, el vecino retenía las ganas de estrangularlos a todos, sonriendo para tener la fiesta en paz. Pero un día dijo basta, y se le ocurrió colocarse una paella dentro de los calzoncillos. Os podéis imaginar la cara que se le quedó a la familia toca pelotas al ver como el pie del retoño rebotaba contra el culo metálico del vecino. ¡Sí, señor! Un héroe. Deberían haberle hecho un monumento en el camping con una placa que rezara: toca pelotas, no sois bienvenidos.

Nota: las paellas son muy útiles contra toca pelotas, sobre todo si las estampas contra su cabeza, con el fin de desatascar la media neurona que tienen.

Se abastecen y se mueven por los mismos sitios que tú:

Los toca pelotas no viven del aire. Son seres humanos (aunque a veces lo ponga en duda) que, para sobrevivir, salen a comprar. Por eso puedes encontrarlos en multitud de establecimientos: súpers, gasolineras, quioscos… ¡Mucho cuidado con ellos!
En el súper son fácilmente identificables. Son los típicos que van con el carro de la compra, paseándose frente a los estantes, con un ojo puesto en los productos y otro en las personas que se acercan a ellos. Su táctica es la siguiente: cuando detectan que quieres coger algún producto de la estantería, disminuyen el paso y se detienen para tocar las pelotas. Disimulan, como si no te vieran, fingiendo que leen la etiqueta de un bote que, en cuanto te vas, vuelven a dejarlo en su sitio, porque su intención nunca ha sido comprarlo. Su objetivo es simplemente impedir que puedas ver bien los productos expuestos y, como no, dificultarte el acceso a ellos.

La confirmación empírica de lo que te cuento es que, nada más coger el envase que necesitas, el toca pelotas va a perder el interés por los ingredientes del bote que sujeta, y va a empezar a circular, despejando la zona; ya ha cumplido con su misión.
El toca pelotas es el que cuando en la caja del súper hay una cola interminable, nunca tiene prisa. Habla con la cajera, provocando que vaya más despacio, y cuando todos los de la cola (ya desesperados) creen que ha terminado, saca tropecientos cupones de descuento del bolsillo, todos arrugados (se tiran media hora alisándolos con la mano). Es entonces cuando la cajera suele informarle que casi todos están caducados, pero el toca pelotas tiene que comprobarlo con sus propios ojos, uno a uno (lo lógico sería que mirara los cupones en casa, antes de ir a comprar, pero entonces no sería un toca pelotas). Y cuando finalmente se da por vencido y paga, después de discutir si se le ha aplicado bien el descuento del único cupón válido que tenía, se tira media hora colocando la compra dentro de las bolsas de plástico, y otra media hora más colocándolas en el carro.

Si no puedes con tu enemigo, únete a él:

Se acerca fin de año, así que he decidido ya mi propósito para el año que viene: convertirme en toca pelotas. Profesional, a poder ser. No sé si voy a conseguirlo. Alcanzar el nivel de los que vienen de estirpe es muy difícil, pero lo intentaré.

Empezaré con cosas sencillas: abriré el grifo mientras mi churri se ducha, para que le salga el agua fría, no repondré los rollos de papel higiénico cuando se terminen, aparcaré en batería intentando que el conductor del coche de al lado tenga que entrar por la puerta del copiloto, llamaré al ascensor, a pesar de vivir en un primero, para después bajar por las escaleras; a ver si así jodo al vecino del quinto… Prefiero empezar poquito a poquito y no venirme arriba, que para estas cosas, hay que valer.

Nadie dijo que ser toca pelotas fuera fácil. Pero oye, con el tiempo y una caña, todo es posible. ¿Tú qué opinas?


About the Author

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.


En Sapos Azules hay unos cuantos toca pelotas, imprescindibles para darle humor a la historia.
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