¿Tacos en las novelas románticas? (y no de los mexicanos)

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Reflexiones


¿Tacos en las novelas románticas?

Joder. Me cago en todo. Hostia puta. Mierda. Gilipollas. Y así hasta el infinito. Se puede ser soez de muchas formas, pero sin duda, el uso de tacos es la versión “fast food” para conseguirlo. Y de eso se quejan muchos lectores, del uso, o abuso, de las palabras mal sonantes que los autores hacen salir de boca de sus personajes.

Aquí te dejo un fragmento de la opinión de un lector sobre una novela chick-lit. La he rescatado de Amazon.

Para que no te dejes la vista intentando leer la imagen, paso a transcribir lo que pone:

“El género quiere ser una comedia ligera (me pareció), pero a mí no me pareció gracioso ni original, ni aprendí nada de ella. El estilo es simple, ramplón, sin ninguna profundidad, casi todos los personajes se parecen demasiado entre sí, en los diálogos y en las descripciones busca ser desenfadado, ágil y moderno, pero a fuerza de usar palabrotas en cada página, tanto si encajan en la escena como si no, se pasa de zafio y los tacos pierden su efecto. La primera vez chocan, la segunda molestan, la tercera, cuarta, centésima, ya dan ganas de dejarlo, porque solo es más de lo mismo.”

Como autora, y consumidora de tacos (los suelto a menudo), me permitirás que analice esta costumbre de meter palabrotas (hacía tiempo que no usaba esta palabra), a diestro y siniestro, en las historias del género de chick-lit; parece que se ha convertido en una moda.

¿Con qué propósito las autoras “sirven” tacos?

Hablo de autoras porque, habitualmente, el tipo de libro que explota este “recurso” está escrito por mujeres. Hecha esta aclaración, entraré en materia.

¿Para qué las autoras “sirven” tacos? A ver, para dar una respuesta con fundamento, lo suyo sería hacer una encuesta entre las autoras “taqueras” y, después, presentar los resultados en forma de diagrama de barras o de quesito. Pero yo, que soy más bruta que un arado, intentaré iluminarte con una reflexión al más puro estilo “borrachín de bar de esquina”. O sea, con la misma credibilidad y fundamento que esos que, después de un par de cervezas, y apoyados en la barra del bar, arreglan el mundo con sus opiniones.

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Un taco bien puesto tiene gracia. Incluso puede servir para dar temperamento al personaje. Por ejemplo, en mi saga de Amigas 4Ever, Fiona, es la mal hablada del grupo.

Pero ¿cuándo suelta los tacos? Pues cuando se sorprende, cuando se enfada, cuando se pone sentimental… No siempre, no continuamente, sólo en esos momentos donde los nervios o las emociones están a flor de piel. Además, sin los “hostia” “joder” o “me cagüen la puta”, no sería ella. Es su sello de identidad. La concebí como una chica rebelde, de familia bien, a la que le gusta cambiarse el color del pelo a la misma velocidad que las bragas; ¡y qué bragas! (ahí lo dejo. Ji, ji, ji).

Sin embargo, jamás se me hubiera pasado por la cabeza que Ling Su, la protagonista de Los Dragones nunca se enamoran, soltara esas barbaridades. ¿Por qué? Simplemente porque no va con su carácter. Aún así, la novela es fresca y la protagonista graciosa. He utilizado otros recursos, acciones, y descripciones, para conseguirlo; los tacos y la comida china no pegan ni con cola. LOL!

Usar tacos en una novela romántica es chabacano:

Como diría la canción de Jarabe de Palo: “Depende. ¿De qué depende?” Yo misma soy consumidora de tacos (y guacamole), suelo cagarme en todo lo que se menea, digo “me he dado un golpe con la PUTA puerta”, o “voy a mear” en lugar de “voy a hacer pis”. Por si te los estás preguntando, también uso la versión hardcore: “voy a cagar”.

¿Soy chabacana por eso? Creo que no. Lo sería si soltara esos tacos en todas partes y a todas horas (tampoco es que me de golpes con las puertas o vaya al servicio continuamente).

Utilizo palabras malsonantes en momentos puntuales. Cuando estoy en familia o con amigos. Lo hago para provocar (mi madre se pone de los nervios cuando digo “voy a mear”) o para hacer reír con mis disparatadas historias regadas de “puta”, “coño”, “joder”, “la madre que los parió”.

Jamás se me ocurriría hablar de la misma manera delante de extraños o en situaciones sociales donde se necesita tener cierto decoro. Dosifico el lenguaje soez y lo utilizo “cuando toca”. En las novelas románticas o chick-lit debería pasar lo mismo. Las palabras impactantes deberían reservarse para crear sensaciones en momentos concretos. Si no, lo único que se consigue es:

• Cansar

• Y anestesiar (el taco ya no produce ninguna reacción en el lector)

Huelga decir que en determinadas novelas, los tacos deben quedar casi completamente desterrados. No me imagino a mi protagonista de El Hilo Rojo, una mujer de la burguesía catalana de principios del siglo XX, diciendo: “Joder, claro que le permito un baile”. Cada cosa en su lugar, ¿no?

Otra cosa que hay que tener en cuenta, cuando se escribe novela romántica: no es necesario que los personajes suelten tacos para parecer groseros. Basta con que sean poco finos y hablen vulgarmente. Un recurso que suele usarse, mal, para dibujar personajes modernos y atrevidos. Te voy a poner un ejemplo, ¿cuál de estas dos frases te suena más basta?

No puedo beber birra, tío. Estoy currando.

o

¡Joder! No puedo beber cerveza, Mario. Estoy de servicio.

Personalmente, no me imagino a ninguna de mis protagonistas intentando conquistar a un hombre con la primera; la segunda sería aceptable, a pesar del “joder”.

Aconsejo a todas las autoras de novela chick-lit que usen la “técnica del vampiro”; para no repetirse como el ajo. Básicamente con las palabrotas, pero también con las “erecciones que abultan pantalones”. No denostemos más un género tan maravilloso como el romance. Huyamos de los clichés (mientras se pueda).

Pero sobre todo, caguémonos cuando toque. Que podría ser perfectamente después de ingerir burritos, enchiladas, tamales, chilaquiles, quesadillas, frijoles refritos y, por supuesto, ¡TACOS!

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Cada vez que alguien lo hace, a una persona malhablada le lavan la boca con jabón 😛


Sobre la autora

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.

Conoce a Fiona, una de las protagonistas de Amigas 4Ever. Creo que hasta ahora, es el personaje que más tacos suelta de todas mis novelas 😉


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