¿Qué problema hay con las princesas?

OlgaReflexionesLeave a Comment

Curiosidades


¿Qué problema hay con las princesas?

Últimamente se ha iniciado una cruzada contra las princesas. No por tener sangre azul, sino porque se ha llegado a la conclusión que son un mal ejemplo para las nuevas generaciones de mujeres; creo que desde un feminismo mal entendido. Tampoco me extraña. Hay muchas voces opinando acerca de cómo debemos ser, o comportarnos, las mujeres. Lo triste del caso es que todo el mundo parece cómodo con el rol de los hombres, que suele ser, en general, el origen de todos los males.

Como escritora, me enfrento a la difícil tarea de crear personajes femeninos y no caer en la trampa de los estereotipos.Olga

Y humildemente puedo decir que, hasta ahora, he salido airosa del tema. Es verdad que no puedo inventar mujeres ideales, como a mí me gustaría que fueran. “Mis chicas” no son ajenas a la sociedad en la que vivimos (sino serían demasiado irreales), pero lo compenso haciendo que  no  se comporten como marujas modernas (con todos los respetos a las marujas). Evito  que sean sumisas, y las doto de fuerza, inteligencia y decisión, a pesar de que están, lógicamente, condicionadas por su situación personal y familiar. Aunque,  que sean mujeres potentes, no está reñido con que se comporten siguiendo un criterio biológico femenino. Me explicaré.

Lo que veo es que, para hacer frente al machismo, se asume que las mujeres deben comportarse como tíos. ¿Para demostrar qué? ¿Que las mujeres son igual que los hombres? Pues estamos apañadas, porque no lo son. En absoluto. Desde un punto de vista biológico, las mujeres buscamos protección; para nosotras y para nuestras crías. Los hombres en cambio, biológicamente, están programados para esparcir su semillita y proveer a la hembra y a las crías. No es de extrañar pues, que a las mujeres nos encanten las novelas románticas en las que, un tipo guapísimo (la belleza nunca estorba), se parte la cara por nosotras (en sentido figurado o no). Habitualmente preferimos que sea rico. No porque seamos unas materialistas asquerosas, como nos han querido hacer creer, sino porque un hombre con el bolsillo bien abultado puede asegurar nuestro bienestar y el de nuestros hijos (presentes y/o futuros). Puede que no estés de acuerdo. Quizás no eres consciente de tu propia naturaleza, pero es así; aunque los condicionantes culturales, sociales e intelectuales te pesen demasiado para admitirlo. Si no, ¿por qué crees que las historias de amor que habitualmente triunfan en los libros o la gran pantalla siguen todas el mismo patrón? Macho protector, a veces rico, protege y salva a la hembra. Aquí te dejo algunos ejemplos:

    • Pretty Woman: Una prostituta conoce a un hombre rico que cubre todas sus necesidades y, la saca de la calle. Es decir, la salva y la protege.
    • 50 Sombras de Grey: Un tipo rico introduce a una joven inocente en el mundo del sado-masoquismo. No repara en gastos y la protege; con celo excesivo.
    • Superman: Protege a todo el mundo, pero en especial a su compañera del periódico, por la que está coladito. En una de las pelis (de las antiguas) Superman incluso cambia el sentido de rotación de la Tierra para conseguir que el tiempo vaya hacia atrás, y poder rescatar a su enamorada, que ha muerto.

  • Batman: Cumple con los dos requisitos que buscamos las mujeres. Por un lado es rico del cagar. Y por otro, un súper héroe que protege, rescata, y lo que haga falta.
  • Crepúsculo: El vampiro protege a la chica de la que se ha prendado, haciendo frente a enemigos y combatiendo sus instintos naturales, (que la dejarían más seca que la mojama).
  • Ghost: En este caso el nivel de protección llega a niveles Ninja. Porque el tipo es capaz de proteger a su amada incluso después de muerto. El problema no es que un personaje femenino tenga un rol femenino, dejándose querer y proteger por el personaje masculino.

No hay nada malo en que un hombre asuma el papel de protector. Siempre y cuando no se de a entender que la mujer es débil y/o estúpida, cosa bastante habitual en la películas. Fijaros que en Hollywood, el prota masculino siempre le dice a la prota femenina lo que tiene que hacer. A la que surge un problema, él se erige en salvador (sin contar con la opinión de la chica) y ella se deja llevar. Es la típica escena en la que se lía parda y ella, mira al macho alfa y hace la típica pregunta de: ¿Y ahora qué hacemos? A ver, que una cosa es que nosotras busquemos protección masculina, y otra distinta es que seamos gilipollas y no sepamos sacarnos las castañas del fuego.

Nota: con los anuncios de detergente pasa lo mismo (¡no los soporto!). El 99,9% de las veces están protagonizados por mujeres (por lo visto ellos no ensucian la ropa y no tienen que lavarla). Y cuando por fin se dignan a sacar a un hombre… ¿Adivinas para qué es? ¡Pues sí, para decirle a la mujer cómo tiene que lavar la ropa! ¡Increíble!

Y claro, como ya estamos hartas de que nos traten de forma tan odiosa, ¿qué hacemos nosotras? Pues irnos al otro extremo. Conclusión: ¡se acabaron las princesas!

Un momento, un momento… A mí las princesas me gustan. Y os aseguro que yo de machista no tengo ni la uña del dedo meñique del pie. Pero… soy una mujer, y me encanta:

  • que me traten como una flor delicada.
  • que me salven de los peligros a los que no puedo hacer frente porque mi naturaleza física es más débil que la de un hombre.
  • Y  que en una cita él se comporte como un caballero, me abra la puerta, se preocupe por mí y, como no, pague la cena sin esperar a que el postre esté bien depilado (poco depilado iba a encontrar el mío. Lo cuento en el post «El chichi con vello y a lo loco»)

Ahora bien, eso no quiere decir que me guste que :

  • me traten como si fuera tontita.
  • den por sentado que mi intelecto no da para liderar.
  • esperen que rinda tributo al género masculino.

Me parece perfecto que haya mujeres que quieran asumir roles típicamente masculinos (al revés también), si eso no conlleva que dejen de lado su naturaleza femenina. Cada uno debe hacer lo que siente, pasando de los prejuicios de los demás (o los suyos propios), pero sin traicionar su naturaleza. Por la misma razón, me parece genial que haya niñas y mujeres que se sientan princesas, sin caer en la trampa del machismo.

Me encanta ser mujer, honrar mi naturaleza femenina y complementarme con la masculina. Y eso es lo que voy a seguir haciendo y transmitiendo en mis libros. Porque lo importante no es la igualdad, sino la equidad.

Tanto si eres mujer, como si eres hombre, deja tus comentarios más abajo. Gracias 😉

COMPARTE SI TE HA GUSTADO EL POST


About the Author

Olga

Adicta al chocolate y soñadora. Me dedico a escribir por placer.


Mis chicas son princesas, pero en lugar de príncipes, lo único que encuentran son: Sapos Azules 😉

Ir a la ficha del libro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *