Portada el Hilo Rojo- Novela erótica romántica

SINOPSIS

Novela El Hilo Rojo: Cuenta una leyenda japonesa, que existe un hilo invisible que nos une a aquellos con quien estamos destinados a encontrarnos.

Pero… ¿Podrá el pacto de los hermanos Richards (Anna y Daniel) cambiar el curso de los acontecimientos? Esta es la historia de una familia marcada por las mentiras. Un viaje en el tiempo donde las pasiones, las traiciones, y la lujuria, se entrelazarán para tejer el destino de los protagonistas y, donde finalmente, descubriremos si el hilo rojo existe.

Redescubre la novela erótica – romántica y disfruta de algunas curiosidades “picantes” de la Barcelona de principio del siglo XX.

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Ingredientes de la novela


ROMANTICISMO
EROTISMO
HUMOR
SUSPENSE

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Primeros capítulos


CAPÍTULO I
Barcelona, Abril de 1900

UNA ROSA CON ESPINAS
El veintitrés de abril, a las doce del mediodía, la matrona salió de la habitación principal de casa los Dalmau, y con paso firme enfiló el pasillo del lujoso piso de la Eixample, hasta el despacho donde la esperaba el señor Dalmau. Se detuvo delante de la imponente puerta de madera, tallada con delicados motivos ornamentales, y dio un par de golpes suaves.
Joaquim, adormilado en su butaca de piel, se sobresaltó. Pero enseguida hizo entrar a la persona que había molestado su sueño. La mujer gorda, de mediana edad, abrió la puerta y, echando una rápida mirada a la suntuosa estancia, le dio la gran noticia.
_ Señor Dalmau – dijo con una ligera inclinación de cabeza – Todo ha salido a la perfección. Su esposa y el recién nacido están bien de salud. Lo esperan en la habitación.
Joaquim le dio las gracias y ella lo acompañó hasta el dormitorio conyugal, donde su esposa lo acababa de convertir en padre por segunda vez. Delante de la puerta, la matrona llamó para asegurarse que podían pasar, y una voz masculina atravesó la gruesa puerta, dando la aprobación para que el padre de la criatura entrara.
Al ver a Joaquim, el doctor Puig i Gelabert, gran amigo de la familia Dalmau, hizo dos grandes zancadas y se dirigió hacia él extendiendo la mano.
_¡Querido Joaquim! Enhorabuena. Es una niña preciosa – después se dirigió a la madre –Querida, no es necesario que te explique las medidas que debes tomar, tienes la experiencia del parto anterior. Ya sabes que una vez pasada la cuarentena, puedes hacer vida normal – dicho esto, salió de la habitación con la matrona para dejarlos solos.
Joaquim se acercó a la cama. Su esposa, con aspecto cansado, descansaba sobre una gran cantidad de almohadas, y entre sus brazos había un hato por donde asomaba la cara de una criatura plácidamente dormida.
_Anna, mi felicidad es completa con esta nueva bendición que de Dios Nuestro Señor nos ha dado – ella esbozó una leve sonrisa, estaba demasiado cansada para hablar, y el le cogió la mano para besarla afectuosamente.
_Descansa amor mío. Avisaré a la nodriza para que venga, ella se encargará de todo – cogió a su hija en brazos por primera vez, y se acercó al gran ventanal de la habitación para observarla con detalle.
Expuesta a la luz, la pequeña hizo un movimiento, como si quisiera abrir los ojos, pero siguió durmiendo.
_Es preciosa, Anna. ¿Te parece bien si la llamamos Caterina? – la miró para saber si tenía objeciones, pero ella también se había quedado dormida.
“Traer hijos al mundo debe ser agotador”, pensó Joaquim, y dejando a su hija en la cuna, salió sin hacer ruido. No quería despertarlas.

CAPITULO II
Barcelona, Junio de 1900

LOS HERMANOS RICHARDS
Anna se entretenía bordando ropita para Caterina sentada en una silla delante de una de las ventanas de la salita, cuando el timbre sonó. Lali, la sirvienta más veterana de la casa, arrastró los pies hasta la puerta; era tan vieja y sorda que a veces las otras criadas, o la misma Anna, tenían que avisarla que el timbre estaba sonando.
Al abrir la puerta, la mujer se alegró de ver quién era.
Daniel Richards la miraba desde el rellano con una sonrisa encantadora. El hermano de Anna, alto, rubio, atractivo, de complexión atlética y ojos azul intenso, era muy conocido entre las mujeres de Barcelona; y muy envidiado por los hombres de la ciudad. Su presencia física era imponente y tenía un don natural para la seducción. Abogado de profesión, nadie sabía bien a qué se dedicaba. Antes que ella pudiera reaccionar, la abrazó con fuerza, levantándola un palmo del suelo.
_Estás tan guapa como la última vez que te vi – dijo bajándola de nuevo.
_Usted siempre tan adulador – contestó Lali, recuperándose de la sacudida.
Hacía muchos años que conocía a Daniel. Ella trabajaba en casa del notario Calafell, cuando la viuda de éste, la madre de Anna, contrajo segundas nupcias con un hombre de negocios inglés, Edward Richards, el padre de Daniel. Fue entonces cuando Lali pasó a hacerse cargo de los dos niños. Anna y Daniel se habían criado como hermanos, hasta el punto que el señor Edward había dado su apellido a su hijastra Anna.
_No avises a mi hermana que he llegado… Quiero darle una sorpresa.
Lali lo dejó entrar, y él anduvo por el pasillo sin hacer ruido.
_¡Tu olor me embriaga! – dijo Daniel desde la puerta de la salita. Anna se asustó, pinchándose con la aguja de bordar.
_¡Daniel! ¿Cuando has llegado?! – se puso el dedo el la boca para chupar la sangre de la herida y dejó caer el hilo y la ropita que tenía en el regazo para darle un beso.
_Llegué ayer por la noche. He venido lo más pronto que he podido. Tengo muchas ganas de ver al nuevo miembro de la familia, y también a Nicolau. Hace tanto que no le veo…
_Tendrías que pasar más tiempo en Barcelona – lo riñó ella -Ahora mismo aviso a la criada y a la nodriza para que te traigan a los niños.
Lali entró en el salón con un niño de aspecto enfermizo, piel blanca como la cera, pelo rubio, casi blanco, y ojos azules inexpresivos. Se parecía mucho a su tío, a pesar de no tener lazos de sangre.
_Hola Nicolau – le dijo Daniel afectuosamente.
El niño levantó la cara para mirarlo, y continuó con el mismo semblante serio.
_¡Cómo has crecido en estos meses! – añadió, esta vez sin esperar respuesta.
La nodriza dio el bebé a Anna y ella se lo acercó a Daniel para que conociera a su sobrina.
_Esta es Caterina – la presentó.
_Es el nombre de tu madre – observó Daniel – ¿Lo has elegido tu?
_No, fue idea de Joaquim – Anna hizo una señal para que la nodriza cogiera al bebé otra vez –Podéis retiraros – ordenó a las mujeres, y con un saltito, para no pisar la ropita del suelo, se sentó en el sofá dando unos golpecitos con la mano para indicar a su hermano que se sentara a su vera.
_Estoy enfadada contigo – le dijo con aire teatral.
_¿Conmigo? ¿Por qué? – preguntó él, esperando divertido la respuesta.
_No me gusta que me dejes tanto tiempo sola.
_Pero Anna, ¿cómo puedes decir que estás sola? Tienes a Joaquim, a tus hijos, a tus amigas… Yo sí que estoy solo, viajando por Europa, lejos de mi familia…
_Te he echado de menos, Daniel – puso su mano sobre la de él.
_Anna, este verano voy a ser todo tuyo – la besó en la mejilla, haciéndole cosquillas con el bigote.

*****

Joaquim llegó al atardecer y se alegró de encontrar a su cuñado en casa. Daniel siempre animaba las veladas.
_Apreciado Daniel, ¡Cuanto tiempo sin verte! ¿Cómo han ido tus aventuras por Europa? – lo abrazó efusivamente; Daniel no sólo tenía magnetismo con las mujeres, también solía caer bien a los hombres.
_No me puedo quejar – dijo con la mejor de sus sonrisas.
_¿Has encontrado alguna mujer que te haga sentar la cabeza ?
_¡De ninguna manera! ¡Antes muerto que casado!
Joaquim se echó a reír por la aseveración.
_Eres incorregible. Te aconsejo que no te lo pienses demasiado, la vida de casado es mucho mejor que la de soltero.
_Seguro que tienes razón, pero no es nada fácil encontrar a una mujer como la que tu tienes – guiñó un ojo a Anna.
_Cierto – Joaquim la acarició y Daniel, viendo la incomodidad de su hermana ante las muestras de afecto de su marido, cambió de tema.
_Por cierto, ya he conocido a Caterina. Ha heredado la belleza de su madre.
_Cierto, querido Daniel. Como no podía ser de otra manera.
_Venga, parad los dos, ¡que me estáis poniendo roja! – dijo Anna.
En aquel preciso instante, Lali interrumpió los elogios para anunciar que podían pasar al comedor.
Durante la cena, Daniel les explicó las anécdotas de su viaje. Había aprovechado para visitar algunos parientes en Londres y, de paso, para asistir también a algunas fiestas que habían organizado.
_Londres es una ciudad fantástica, lástima que siempre llueve – dijo cortando un trozo de carne que le acababan de servir en el plato.
_Al menos en Londres no pasan el calor que pasamos aquí. Tengo unas ganas de ir a Sitges – dijo Anna con voz aburrida.
La familia Dalmau veraneaba cada año en Sitges, en la casa que la madre de Anna le había dejado de herencia. El pueblecito costero era el lugar de moda donde se reunía la flor y nata de la burguesía catalana, para celebrar fiestas y para disfrutar de la tertulias intelectuales y culturales. Los mejores artistas del momento habían convertido el lugar en un destino de peregrinación para muchas familias, incluidos los Dalmau.
_Esto me recuerda que debemos empezar los preparativos para que os vayáis allí. Te echo mucho de menos cuando te vas, querida, pero sería injusto y egoísta por mi parte mantenerte en Barcelona hasta el mes de agosto. Yo tendré que quedarme atendiendo asuntos en la fábrica, pero me reuniré contigo y con los niños más adelante – dijo Joaquim.
_Ya sabes que yo también te echo de menos, amor mío. Aún así, creo que deberíamos irnos lo antes posible. Los niños también estarán más cómodos en la casa Grande. Aquí hace demasiado calor – dijo ella con voz dulce.
_Daniel, ¿Este año también acompañarás a Anna? Me quedo más tranquilo si sé que tu estás con ella y los niños.
_Por descontado, Joaquim. Me gusta pasar el verano con la familia. Estaré encantado de instalarme en la casa Grande con mi hermana y mis sobrinos.
_¿Que te parece si nos vamos el lunes? – preguntó Anna.
_No se hable más, querida. El lunes os vais a Sitges.
Joaquim levantó la copa de vino y propuso un brindis para celebrar el regreso de su cuñado y el inicio de las vacaciones.

Me he decidido, ahora sí que voy a comprar el libro