Nos engañan como a chinos ¡Joder!

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Reflexiones


Me han engañado como a un chino

Me la han colado profesionalmente. Bueno, a mí no. A mi Santa madre. La han “timado” ¿Dónde? Pues donde va a ser: en el bazar chino. No es que esté insinuando que en este tipo de comercios engañen a la gente (eso sería racista. Y yo de racista creo que no tengo nada). Pero es que si te enredan unos chinos, la frase va que ni pintada, ¿no?

El problema es que mi madre es súper aficionada a ir a comprar a estas tiendas donde parece que han metido los productos a presión. Tiene su lógica (lo de los productos, no que mi madre se pirre por ir a comprar allí). En “Los chinos” es el único lugar donde va s encontrar cualquier cosa que busques. ¡Mucho mejor que unos grandes almacenes! ¡Donde vas a parar! Que eres cirujano y quieres un bisturí láser: a los chinos. Que eres trapecista y se te ha roto el columpio: a los chinos. Que te ha tocado participar en “el amigo invisible”: a los chinos. Si es que igual te sirven para un roto que para un descosido. Todo es baratísimo. Ahora bien, cruza los dedos cuando vayas a usar lo que has comprado… No me imagino una intervención quirúrgica con el bisturí de “los chinos” OMG!

Las Cartas del UNO de los chinos:

En Navidad, mi madre compró en “los chinos” un regalo para mi hijo. Concretamente unas cartas del juego del UNO. Yo ni me di cuenta que no eran las “oficiales”, de la casa Mattel; la imitación de la caja daba el pego. Supongo que la pobre mujer pensó que para qué pagar por unos cartones de colores con números, de marca, si podía tener lo mismo, a mitad de precio, en “los chinos”. Bueno, mi primera sorpresa llegó cuando saqué las instrucciones de la caja.

—Mama, las instrucciones están en chino (sólo en ese idioma) ¿Dónde has comprado las cartas? (la pregunta era retórica)

Bueno, no pasa nada hija. Puedes mirarlas (las instrucciones) en internet.

Las cartas eran de “los chinos”, vale… Pero podíamos mirar las instrucciones del juego en la Red. Aceptamos pulpo, como animal de compañía.

Poco después, ya de regreso a Brighton, convenzo al niño para que juegue al UNO con su padre y conmigo; tarea especialmente complicada porque el chaval no se despega de la PS4.

1. Miramos las instrucciones en la Red (los chinos no han podido sabotearnos).

2. Jugamos la primera partida (no detectamos nada sospechoso)

3. Jugamos una segunda partida (ya no estamos tan concentrados en las reglas y empezamos a tener sospechas de que algo falla)

4. ¡Nos cagamos en todo lo que se menea! ¡Los chinos nos la han colado!

Se supone que las cartas deben ser de 4 colores distintos (rojo, amarillo, verde y azul), pero esta gente (los chinos) decidieron que con dos vas que te matas. Aquí os dejo una imagen de la baraja y cómo nos las apañamos para jugar las siguientes partidas.

El color de las cartas está escrito con rotulador.

Después de remendar el juego, enviamos un Whatsapp al grupo familiar. La anécdota no iba a quedar en la intimidad del Whatsapp personal de mi madre. ¡Se tenía que enterar todo Dios! El cachondeo que se formó, fue de antología.

Mi hermana proponiendo que pintáramos las cartas. Sí claro, ahora mismo me voy a poner a colorear 50 putas cartas (además, ¿con qué?)

Mi padre enfadado, diciendo que ya había advertido a mi madre que “con tanto comprar en los chinos, iba a tener problemas”. Bueno, ella no sé si los tendrá, pero a nosotros nos ha jodido…

• Y yo, que soy una cachonda, le dediqué este meme (ja, ja,ja)

Los chinos tienen otra cultura:

Su cultura es milenaria y fascinante. Lo sé. Al escribir mi última novela, «Los Dragones Nunca se enamoran», he tenido que investigar acerca de sus costumbres. Tengo que decir que la gran mayoría son interesantes, por supuesto exóticas desde mi punto de vista, pero… qué queréis que os diga: lo de las imitaciones no es lo suyo.

Los chinos son muy buenos comerciantes. Eso sí. Aunque creo que tienen dificultades a la hora de adaptarse a la cultura occidental. Hay algunos detallitos que les cuesta pillar. Por ejemplo, entender que para falsificar el juego del UNO, hay que tener 4 tintas de colores distintos, y usarlas todas (la madre que les parió…). O que ciertas figuras navideñas se venden, SIEMPRE, en pack. Lo digo porque mi madre preguntó el precio de un Belén y cuando la china de la tienda vio que no iba a quedárselo, le dijo que le podía arreglar el precio para que se llevara una de sus majestades. Evidentemente, mi madre tuvo que contarle que si ella compraba una sola figura, el resto del Belén se lo tendría que meter por donde amarga el pepino, porque nadie se lo compraría con dos Reyes Magos. La pobre mujer lo entendió enseguida. Es que los chinos son listos. Lo único que les falta es información (y no lo digo con ironía, que conste).

A ver, que vivir en un país que no es el tuyo, con una cultura distinta, no es moco de pavo. Yo admiro a cualquiera que se haya atrevido a probarlo; si crees que tampoco hay para tanto, es porque no has leído mi post «Hijos de la Gran Bretaña (mi vida al revés parte 1)».

No es de extrañar pues, que pasen cosas como esta: cuando a unos papás chinos se les dice que su hijo tiene que ir disfrazado de Rey Mago en la obra navideña del colegio.

Aunque es mucho peor lo de las cartas del UNO 😛

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Los chinos nos lían hasta con el nombre:

La tía de JM (mi marido) ¡tiene cada salida! Con ella me meo. Es la típica abuelita que vive en los mundos de Yupi y va a su bola; yo de mayor quiero ser como ella. ¿Y que tiene eso que ver con los chinos? Espera, que a eso voy.

Resulta que la tía de JM suele ir a una frutería regentada por chinos. Evidentemente, ya se ha hecho amiga de la propietaria. No te sabría decir si va a comprar o a hacer relaciones sociales, la cuestión es que un día, va, y le pregunta a la china:

Oye ¿cómo te llamas? — y después de oír el nombre dice — Bueno, pues yo voy a llamarte Menchu, que tu nombre es muy complicado de pronunciar.

Ni acercamiento cultural, ni tonterías. “Menchu”, que más o menos sonaba parecido.

A mí, en cambio, me pasó justo lo contrario. Resulta que en cole de mi hijo hay una mamá de Singapur que hace poco ha llegado a the UK. El primer día que la vi, me dijo que se llamaba Esther. El nombre sonaba de una manera muy distinta al español, y a mi incluso me costó pronunciarlo.
Al cabo de un tiempo de entablar amistad con Esther, me cuenta que, en realidad, ese es su nombre occidental.

—Ah, ¿y cómo te llamas, pues? — pregunté Supuse que si Esther era el nombre occidental que había elegido para facilitar la pronunciación a los occidentales ¡es que el chino debía ser la ostia! Pero estaba dispuesta a esforzarme para llamarla por su verdadero nombre; a mi me gusta que me llamen Olga, independientemente del país donde esté.

Y va la tía y me suelta: Kim. Así. Tal cual. ¿Comooooorrrr? ¿Que me has hecho pronunciar Esther con voz de gangosa cuando podía haberte llamado Kim (quim) desde un principio?

Calla, pensé, igual es que a su marido, que es inglés, la llama Esther.

¿Y en casa, cómo te llaman?

—Kim.

Jodeeerrr… ¡Pues haber empezado por ahí, alma de cántaro!

El problema ahora lo tengo con las otras mamás del colegio.

¿Habéis visto a Kim?

¿Quién?

—La mamá de Margaret .

¿Pero no se llama Esther?

OMG! Vamos a dejarlo. Que nos lían como a chinos.

FIN

El juego del UNO de los chinos

No, si “family fun” ya hemos tenido, ya (cabronazos…)

Bueno, no olvides dejar tus comentarios y/o anécdotas con las compras (en “los chinos” o en otra parte)


About the Author

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.


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