Los libros en papel no son para caracoles:

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No me lo puedo creer


Soy un caracol:

Soy un caracol. Vivo con mi casa a cuestas. Hará cosa de unos 4 años, mi esposo y yo decidimos vender todo lo que teníamos y mudarnos a otro país. Abandonamos nuestra tierra para conocer nuevos mundos, en busca de un futuro mejor para nosotros y nuestro hijo. Esa decisión, nada fácil, supuso una sacudida a todos nuestros apegos materiales y emocionales.

Nos deshicimos de todo aquello que habíamos construido a lo largo de los años con mucho amor y dedicación. El piso que tanto nos había costado pagar, los muebles que habíamos elegido para empezar una vida juntos, los regalos de gran valor sentimental que no nos podíamos llevar por razones logísticas… Y por si todo eso no fuera poco, tuvimos que decidir qué libros quedaban atrás. ¿Te puedes creer que de todo lo que vendí, doné o regalé, los libros fue de lo que más me costó desprenderme?

Ser un caracol te hace libre:

Durante meses estuve en una montaña rusa emocional. Subiendo y bajando. Riendo y llorando. Pero comprendí que había cosas que jamás me podrían arrebatar. El amor de mi familia, la complicidad de mis amigos, los recuerdos de lo que habíamos vivido… Y tampoco las historias que había leído.

En mi cabeza, y en mi corazón, siempre llevaría a esos personajes que un día me hicieron sentir grandes emociones; aunque mi biblioteca quedara desperdigada por estos mundos de Dios.

Analicé la situación. Había libros que llevaba años guardando en estanterías y que estaba casi segura de que jamás volvería a leer. Contenían historias pasadas que no me hacía falta volver a releer.

A veces he repetido con un libro que en su momento me entusiasmó y después de releerlo me he dado cuenta de que el recuerdo era mucho mejor que el contenido real. No sé si a ti te ha pasado.

Entonces ¿qué podía perder dando mis libros? Nada. No perdía absolutamente nada. Al contrario. Regalarlos suponía repartir alegría a otros.

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Qué libros se llevó el caracol:

Clasifiqué mis libros en dos grupos. Los de ficción y los de no ficción.

Los de no ficción me los llevé todos. Hay algunos títulos imprescindibles y a diferencia de las novelas, de vez en cuando los releo. Entre estos había algunos de auto ayuda, como «¿Quién se ha llevado mi queso?» (un libro que debería ser de lectura obligada), diccionarios y libros de cocina (vitales si te mudas a un país donde se come tan mal como es the UK).

Librarme de las novelas fue más doloroso y, con más o menos gracia, hice una selección de las que no quería desprenderme. Me llevé un par de libros de Jules Verne que mi padre me había regalado cuando era pequeña, una saga de vampiros que devoré, un par de libros de Noah Gordon que me encantaron: El médico y Chamán; seguro que estos los volveré a leer, y como no, ¡los 7 libros de Harry Potter! A mi mago preferido no podía abandonarlo. Al final pensé que si no los volvía a leer, mi hijo lo haría más adelante.

¿Pero sabes qué descubrí en todo ese proceso? Que los libros en papel no están hechos para los caracoles.

Libros en papel, no. Gracias:

Dicen que una mudanza es de las cosas más estresantes que una persona puede hacer en su vida. Pues yo ya llevo tres en tres años. Hechas con mis propias manos; nada de empresas de mudanzas. Aquí la menda lerenda se ha encargado de todo: comprar cajas, empaquetar, transportar, desempaquetar… ¡Un coñazo! Te aseguro que después de varias mudanzas, si eres amante de los libros en papel, dejas de serlo.

¿Sabes lo que pesa una puñetera caja llena de libros? Si no lo sabes, no puedes formar parte de mi club de «caracoles deslomados». Ni puedes entender que cada día me siente en el sofá, mire la estantería llena de libros y me cague en todo lo que se menea. ¿Para qué narices me llevaría tantos libros? Pavor me da la próxima mudanza.

Qué quieres que te diga. A la mierda eso de que los libros en papel huelen bien, a la porra las ediciones especiales con tapa dura, a tomar viento todas esas pamplinerías de ratones de biblioteca. Los libros en papel:

• Causan hernias.
• Se llenan de polvo y sacarlos de la estantería para limpiar es un trabajo tedioso.
• Acaban con las páginas de color amarillo, despegadas, y oliendo a humedad.
• Son un nido para bichos que se alimentan de papel.
No te dan respuestas. Cuando hay una palabra que no entiendes, pones el dedo encima y no aparece ninguna caja con la definición; yo lo he intentado pero parece que no funciona igual que el Kindle.
• Son un negocio para los oftalmólogos, porque no puedes seleccionar el tamaño de la letra y te dejas las pestañas.
• Difícilmente se pueden meter varios en un bolso; uno y vas que te matas.
• Te los pueden pedir prestados y nunca más los vuelves a ver (leer).
• Normalmente son más caros que la versión digital.
• Te convierten en cómplice de la tala de árboles.

Los caracoles odian los libros en papel:

Como ves, tengo motivos suficientes para odiar los libros en papel y desde que me convertí en Caracol soy fan incondicional de los libros electrónicos. Es más, estoy pensando en crear un «comando caracolero» para boicotear a los book tubers. Esos seres odiosos que salen sonrientes en sus canales de You Tube con libros en papel entre las manos. ¡Recomendándolos! ¿Cómo pueden ser tan irresponsables?

Eh, acércate, que quiero contarte un secreto. No se lo digas a nadie, esto debe quedar entre tú y yo: también he contactado con un grupo de piratas informáticos para que hackeen las cuentas de instagramers que postean fotos de libros en papel. No puedo permitir que sigan atentando contra los caracoles. Algunos incluso se atreven a sacar fotos de los libros al lado de sus víctimas. Son unos desaprensivos.

Aquí una prueba: libros en la rama de un árbol.

Es asqueroso. Igual que los que se dedican a dejar libros árboles huecos para que otros lectores puedan disfrutar con ellos. Book crossing lo llaman. Para empezar, no sé quien se inventó la palabreja, pero a mí me suena a práctica sexual; de las raritas. 

Imagen de inhabitat.com

Meter libros en los huecos de los árboles es como meter panceta en el culo de cerditos para compartirla con otros amantes del tocino.

¡Qué barbaridad!

Anda, solidarízate con la causa. Comenta, dale a los emoticonos y ayúdame a compartir el post. Cada vez que lo haces, una empresa de mudanzas se solidariza con un caracol y un árbol te aplaude.


Sobre la autora

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.

Mis chicas de Sapos Azules también se mudan a un país extranjero. Lo que no sé es qué hacen con los libros.


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