Cupcakes en Manhattan- Portada

Sinopsis

Esta es la historia de Ling Su, una mujer valiente que descubrirá que el secreto de la libertad es el coraje, que sin decisión los sueños nunca se cumplen, y que la mejor forma de honrar a los que nos aman, y amamos, es siendo feliz.

También es la historia de Adam, un hombre noble que enseñará a Ling Su el valor del amor, que el primer beso jamás se da con la boca, sino con los ojos, y que amar no es solo querer, es sobre todo comprender.

Disfruta de una novela romántica a caballo entre la china milenaria y el Londres moderno.

Una historia de superación personal en la que los celos se solucionan a base de patadas de Kung Fu y el amor crece sorbiendo té.

Una lucha entre Dragones en la que parece que nada va a salir bien porque… Los Dragones Nunca se enamoran. ¿O quizás sí?

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Ingredientes de la Novela


ROMANTICISMO
EROTISMO
HUMOR
ACCIÓN

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Conoce a las protagonistas de Los Dragones Nunca se Enamoran

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Primeros Capítulos


LA SEÑORA CHEN

La señora Chen sale del restaurante con prisas. Va a ver a la señora Wu, la propietaria de la frutería, la cual se saca un sobresueldo ofreciendo servicios de adivinación a la comunidad china de Londres; en la parte trasera de la tienda que regenta, atiende a los clientes que necesitan saber qué les depara el futuro.

La señora Chen está preocupada por la actitud de su hija Ling Su. Cree que ella debería implicarse más en el negocio familiar, abandonar la fantasía de convertirse en actriz y casarse, de una vez por todas, con Shaoran, al que no para de darle largas; a este paso, el chico se buscará a otra.

La señora Chen se detiene a la entrada de la tienda de la señora Wu, en frente de las cajas de frutas y verduras que hay expuestas a pie de calle. Coge una raíz de loto y comprueba la calidad. Si le da buenas noticias, comprará unas cuantas para Ling Su. Le encantan los pickles de loto con vinagre de arroz, azúcar y chili.

Dentro de la frutería, el hijo de la adivina está atendiendo la caja, y la señora Chen le pregunta si su madre está disponible. Él asiente con la cabeza y ella se dirige a la puerta que hay escondida detrás de unas de cajas de cartón apiladas, sin necesidad de que le muestre el camino; es una clienta habitual.

La habitación donde la señora Wu ejerce de adivina está desordenada. El escritorio y el ordenador prácticamente sepultados bajo toneladas de papeles (facturas y albaranes de proveedores) y la pared apedazada con enormes calendarios lunares que se utilizan para las predicciones, además de fotos. La mesa de consultas, un tablero de madera puesto sobre un caballete y tapado con una tela con motivos tradicionales chinos (el único mueble de la habitación despejado), está presidida por un poster enmarcado de Hu Ye (un espíritu guardián con forma de tigre), Guan Yu (Dios de la verdad y la lealtad) y Bi Gan (Dios de la abundancia). La señora Wu aguarda en silencio detrás de la mesa, sentada en una silla plegable.

—Nǐ chī le ma —. saluda la señora Chen tomando asiento.

—Chī le, nǐ ne. ¿Qué te trae por aquí? —Ling Su. Ya no sé qué hacer con ella.

—Vamos a ver que nos dicen los palillos —. se levanta para coger el cubilete de madera redondo que hay en la única estantería de la habitación y abre la tapa, dejando a la vista los 64 palos de bambú — Formula la pregunta y agita el recipiente hasta que uno de los palillos caiga sobre la mesa.

La señora Chen hace lo que le pide y cuando uno de los palillos cae, rápidamente echa el cuerpo hacia delante, impaciente por saber qué número lleva y qué mensaje esconde.

—Mmmm… La señora Wu mira el palito de madera con atención y consulta el librito en el que están escritos los mensajes adivinatorios; cada uno corresponden con el número de cada palillo. Suspira. — Interesante… ¿Ling Su es Dragón? — la señora Chen agita la cabeza afirmativamente, esperanzada ¿Habrá buenas noticias? — ¿Y Shaoran?

—Él es Tigre.

—Mmmm… Hay dos dragones en combate —. explica la señora Wu, leyendo el librito — Uno lleva al otro hasta su destino. La señora Chen frunce el ceño.

—¿Y el Tigre?

—No hay tigre. Pero parece que los Dioses protegen a los Dragones. Nada puede separarlos. Debes tener cuidado con Ling Su. Hay problemas de salud a la vista.

—¿Graves? —Eso no se puede saber. Pero no creo que vaya a morir, porque al final hay una unión.

—¿Con el Tigre? — insiste la señora Chen.

—No —. la adivina cierra el librito y da por finalizada la sesión.

La señora Chen se levanta contrariada; si no fuera porque la señora Wu es tremendamente buena en su trabajo, ya se hubiera buscado a otra adivina. Tendrá que hablar con su hija y averiguar quien es ese Dragón que la ronda y presionarla para que de el sí definitivo a Shaoran. Deja un billete sobre la mesa y sale sin despedirse. En la calle, pasa por delante de las raíces de loto sin comprar. No hay nada para celebrar.

La señora Chen entra como un huracán en la cocina del Mandarin Foo, el restaurante que regenta junto a su marido. La actividad ha empezado hace rato y todos los cocineros se mueven con garbo, cortando verduras y preparando salsas para el servicio de comidas. La señora Chen se quita el abrigo, cuelga el bolso y se pone un delantal para repasar que todo esté en orden; su marido está a cargo de los pinches de cocina, pero ella nunca baja la guardia. Está acostumbrada a mandar dentro y fuera de casa.

—¿Quién ha dejado este paquete de gambas fuera del congelador? — pregunta con voz estridente.

—Ha sido Koan. Le ha parecido que no estaban en bien, pero no ha querido tirarlas a la basura. No quiere que le acuses de desperdiciar comida.

—¿Y dónde se ha metido?

—Ha salido a fumar.

La señora Chen refunfuña y sale por la puerta de la cocina que da al callejón. Es donde tienen los cubos de basura y por donde entran los proveedores a dejar las cajas de productos congelados. Un minuto más tarde regresa con Koan y, de malas maneras, le ordena que se ponga a trabajar. No le paga por fumar.

—¡¿Es que no trabaja nadie cuando no estoy?!

La señora Chen se dirige a tirar el paquete de gambas cuando es interrumpida por Ling Su, que entra en la cocina acompañada por un hombre vestido con traje.

—Este señor ha venido a hacer una inspección. De sanidad —. aclara, al ver la cara de su madre — Como no estabas, me he encargado yo misma de enseñarle lo limpios que están nuestros baños y la sala. Ahora desea ver la cocina.

—¡Malditos inspectores de sanidad! ¡Siempre viene en el peor momento! — grita la señora Chen (en mandarín, para que el inspector no la entienda); en pocos minutos el restaurante debe estar listo para atender a los clientes. Suelta la bolsa de gambas para atender al hombre, que quiere echar un vistazo a las cámaras frigoríficas.

Me he decidido, ahora sí que voy a comprar tu libro