Las perversiones sexuales de los japoneses:

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No Me Lo Puedo Creer


Las perversiones sexuales de los Japoneses

Los japoneses lo tiene todo. Son trabajadores, educados, limpios, organizados… y los putos amos a la hora de mezclar lo más vanguardista, incluso futurista, con las tradiciones milenarias. ¡La cultura nipona me fascina! No es para menos. Soy escritora de novelas chick lit y el país del sol naciente me ofrece una variedad, casi inagotable, de material sexual y erótico para inspirarme. Lo último que he descubierto, y que me ha dejado anonadada, ha sido el: Kanamara Matsuri. O dicho de otra manera: El Festival del Pene.

Una de las perversiones sexuales de los Japoneses: El Festival del Pene.

Este festival se celebra cada primavera, el primer domingo de Abril, en el santuario de Kanayama, y el falo es el centro de la celebración. Parece que el origen de se debe a una antigua leyenda que cuenta que un demonio se escondió en la vagina de una mujer, y tuvo que ser derrotado con un pene de hierro.

El festival atrae turistas, pero sobre todo prostitutas, que acuden al Santuario a orar, pidiendo protección contra las ETS. Aunque la superstición también dice que el Santuario da prosperidad y protección a los negocios y a las personas. Por lo que muchos acuden a pedir partos sin complicaciones, pareja o armonía dentro del matrimonio.

Esta sería la versión oficial. Aunque yo creo que es la excusa perfecta para que los Japos, que culturalmente están obligados a comportarse de forma correctísima, puedan dar rienda suelta a su parte más canalla, paseando falos gigantes por la calle, disfrazándose de polla o chupando golosinas en forma de pene. ¿No os parece genial?

Las perversiones de los japoneses con las Bragas:

Los japoneses están obsesionados con el sexo y se pirran por cosas muy, muy, raras. ¿Que no? A ver, cuantos tíos conoces que se pongan cachondos al ver una tía que anda como un pingüino, va tapada casi hasta las cejas y se pinta la cara como el payaso de IT. Pues a los japoneses, eso les pone.

Y además, están obsesionados con las bragas. Que digo yo que el fetichismo les habrá sobrevenido al no poder vérselas a las Geishas. A ver quién tiene huevos de levantar el quimono tubo que llevan puesto. Así que tampoco nos debería extrañar saber lo de las máquinas expendedoras de bragas usadas que hay en Japón.

Vale, puede que lo de las máquinas expendedoras de bragas usadas sea una leyenda urbana, pero os doy palabra de que vi un documental donde explicaban que los hombres japoneses pagaban verdaderas fortunas por tener bragas usadas (sí, soy de las que ve documentales frikies).

Lo que está claro, es que las braguitas de las máquinas expendedoras no son un producto dirigido a mujeres. ¿Qué clase de chica se compraría unas bragas que parecen usadas? 

Nota: A saber qué harán con las bragas usadas. Mejor no te lo cuento… 😛

Aunque si pagar por bragas usadas te parece de locos, vas a flipar cuando te cuente que pagan por ver a chavalas de 18 años haciendo grullas de origami. Las grullas de papel es lo que menos importa, lo interesante (para los que asisten a estos cursos) es que las chicas van vestidas con uniformes de colegialas muuuuy cortitos, y están sentadas con las piernas abiertas, enseñando… ¡LAS BRAGAS! 5000 yenes (unos 38 euros) por 40 minutos mirando las bragas, o las grullas.

Aunque puede que alucines más si te metes en una cafetería No-pan Kissa o que te atragantes con la bebida al ver que las camareras, debajo de la falda, cortísima, no llevan nada.

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¿Dónde apagan el fuego los japos?

Pues después de estar mirando bragas o visitando Sex Shops de hasta 7 plantas (¿de verdad que hay tanto producto?), los nipones van ciegos y tienen que desahogarse. Y qué mejor lugar para hacerlo que en los Love Hotels, donde las habitaciones están repletas de comodidades para esos menesteres: jacuzzi, videojuegos, canales de películas porno, etc. Todo pensado para pasar unas horas mirando hacia Cuenca. En definitiva, que vendrían a ser la versión oriental de los picaderos de toda la vida, pero tematizados (a gusto japonés) y automatizados (por discreción).

Entrada de un Love Hotel

Love hotel Chapel Christmas, uno de los más famosos de Osaka. (Foto de jpellgen en Flickr)

Servicios de un Love Hotel

Todo lo que nos ofrece un love hotel. (Imagen de Kirai en Flickr)

Máquina de vending de un Love Hotel

Máquina de venta de dildos en el Hotel Adonis de Osaka. (Foto de hellofish en Flickr)

Habitación de un Love Hotel

Una habitación de Love Hotel decorada con motivos de Hello Kitty.

Mucho ruido pero…¿dónde coño están las nueces?

Estos del país del sol naciente son unas máquinas sexuales. No hay más que ver el arte que tienen (literal) y fijarse en las pinturas Shunga. ¡Madre mía del amor hermoso! Para qué queremos realismo, si podemos tener ¡un chichi gigante con rayos láser!

A la izquierda un dibujo Shunga, a la derecha una pintura “chunga”.

Aunque, como se suele decir: mucho ruido y pocas nueces. Porque… mucho festival enseñando falos, mucho comprar bragas usadas, mucho fardar de Love Hotels, y después resulta que la prensa dice que los Japoneses cada vez tienen menos sexo. Con tanta saturación, no me extrañaría que ya lo hubieran aburrido.

Si es que Rafaela Carra ya lo decía: para hacer bien el amor hay que venir al Sur. Ahora entiendo la afición de los Japoneses por visitar España. OMG! Nunca más los podré mirar con ojos inocentes.

Si tienes que decir algo sobre los nipones, no te cortes y deja tu comentario más abajo. Gracias. 😉 


About the Author

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.


Si te interesan las culturas orientales, seguro que disfrutarás de mi nueva novela: Los Dragones Nunca Se Enamoran.(muy pronto a la venta)

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