Las casualidades en la vida no existen:

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No me lo puedo Creer


Las casualidades no existen:

Si estás leyendo este post, no es por casualidad. En esta vida nada pasa porque sí, por azar, sino que todo esta controlado al milímetro. Detrás de cada suceso existe un plan. Así es como yo lo veo, o mejor dicho, como yo lo experimento. El universo, la energía suprema, Dios, o como cada cual quiera llamarlo, mueve las piezas de un rompecabezas infinito, algo que escapa a nuestra comprensión, para conseguir que ocurran una serie de acontecimientos. Es cierto que todavía no hay una explicación lógica, científica si se prefiere, para muchas de esas circunstancias. Pero también es verdad que la física cuántica ya está empezando a explicar lo que hasta ahora considerábamos casualidades, eventualidades, coincidencias, accidentes, chiripas…

A mí me gusta llamarlo: la magia de la vida. Acontecimientos que ocurren cuando menos te los esperas para darte una alegría (o no), cosas que ni podías imaginar que llegarían a suceder y que, sin embargo, al estar abierta/o, acaban sucediendo. Mensajes que necesitas y que llegan por distintas vías, y con distintas formas. Y un sinfín de cosas más que demuestran que nada, absolutamente nada, es una casualidad.

Hoy quiero contar en el post algunas de mis experiencias personales con las mal llamadas casualidades.

Soy escritora y llegué a Brighton por casualidad:

Ni casualidad, ni chamba, ni aleatoriedad, ni naranjas de la China. Decía Steve Jobs que para darte cuenta de cómo has llegado a una situación en tu vida, tienes que conectar los puntos que te han llevado hasta ahí. Si él no hubiera hecho un curso en la universidad sobre tipografías, seguramente no habría conseguido triunfar. Evidentemente, entre el curso y el éxito abrumador de la compañía Apple, hubo muchos puntos intermedios. La vida es una cadena de puntos que se suceden desde que nacemos hasta que morimos y elegir forma parte de nuestro libre albedrío. Sí, Steve podría haber elegido cualquier otro curso. Pero fue ese, y no otro, el que se cruzó en su camino. ¡Qué casualidad! 

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Algo similar me pasó a mí. Me refiero a los de la “casualidad”. La magia que me ha llevado hasta Brighton, empezó a confabular años antes de llegar a esta bonita ciudad del Reino Unido.

Mi vida anterior nada tiene que ver con mi vida actual. Antes, yo trabajaba en un negocio online, que había fundado con mi esposo, y vivía en un pueblo costero cercano a Barcelona. Y un buen día, empezó a rondarme por la cabeza la idea de  apuntarme a Yoga o Pilates; nunca he sido muy aficionada al deporte, pero me apetecía hacer algo para estar en forma sin sudar la gota gorda. Así que empecé a mirar la oferta que había por mi pueblo. Nada me convencía. Pero un domingo decidimos, por “casualidad”, salir a pasear. Y también por “casualidad” encontramos unos tenderetes que promocionaban los negocios locales del pueblo. Cual fue mi sorpresa al ver que había un tenderete que anunciaba un ¡Centro de Pilates! Me acerqué a pedir información. Probablemente la cosa hubiera quedado ahí, si no fuera porque Rosa, la profesora y dueña del recién estrenado centro de Pilates, al verme poco convencida, insistió para que fuera a una de sus clases informativas. Dicho y hecho. Fui a la clase, me gustó y me apunté. Primer punto.

Después de un tiempo de acudir a Pilates (lo recomiendo a todo el mundo), empecé a conocer a otros alumnos y a entablar amistad. Y una vez más, dio la “casualidad” que una de esas personas estaba iniciando un proyecto para la gente del pueblo llamado “Banco del tiempo” (en la Wiki puedes ver qué es un “Banco del tiempo”) e insistió para que mi marido (que también hacía pilates) y yo, nos apuntáramos. A mí me pareció una forma muy bonita e interesante de conocer a más vecinos, así que… Dicho y hecho. Segundo punto.

Otra cosa que me apetecía en esa época, era hacer algo creativo. Tenía una necesidad imperiosa de crear. Lo sentía en lo más profundo de mi ser. Sólo había un problema: cualquier curso costaba dinero, y no me lo podía permitir. Pero que casualidad que “El Banco del Tiempo” ofreció un taller de escritura creativa GRATUITO para sus miembros. ¡Hacía tantos años que no escribía! Me apunté sin pensármelo dos veces. De lo mejor que he hecho en mi vida. Por dos razones: porque conocí a unas personas maravillosas, que siempre llevaré en mi corazón, y porque la chispa creativa prendió de nuevo la llama de mi pasión por escribir. Desde entonces no he dejado de hacerlo y ya tengo cinco libros publicados. Este es mi tercer punto.

El Universo ya estaba moviendo los hilos para llevarnos al punto donde teníamos que estar: Brighton. Así que la misma persona que habíamos conocido en Pilates, la misma que había insistido en que nos apuntáramos al “Banco del tiempo”, volvió a actuar como cadena de transmisión de esta inteligencia infinita que nos gobierna, y nos puso en contacto con Erick (por razones que ahora no contaré para no extenderme) quien acabó abriéndonos el camino para llegar hasta Inglaterra. En un primer momento, queríamos instalarnos en Glasgow (no sé que se nos había perdido por allí). Pero al final, Erick nos convenció para que nos trasladáramos a la ciudad donde él  se había mudado unos meses antes que nosotros (Brighton) y además nos ayudó con algunos de los trámites que necesitábamos  para dar el salto; nunca podremos estarle lo suficientemente agradecidos. Y así he llegado al cuarto punto, desde donde espero con ganas descubrir qué me depara el futuro.

¿Todavía crees que es casualidad? Pues sigue leyendo.

No venderéis el piso ni por casualidad:

Una vez decidimos que queríamos mudarnos a Inglaterra, lo primero que tuvimos que hacer fue vender el piso. Si no lo vendíamos, no podíamos dar el paso. Era imprescindible llegar al Reino Unido con un colchón de dinero.

La primera persona a la que le contamos nuestra decisión, fue mi amiga María. Vino a tomar café a casa,  y recuerdo que sus primeras palabras fueron “lo tenéis difícil para vender el piso”; todo el mundo daba por supuesto que vender un inmueble en plena crisis económica, no era fácil.

—María, el piso ya está vendido — le dije.

No habíamos informado a nuestra familia sobre la decisión de emigrar, y mucho menos habíamos puesto anuncios para vender el piso, pero yo sabía que el primer paso para conseguir algo es creértelo desde lo más hondo del corazón. Para mí, la venta ya estaba hecha (la física cuántica explica que todo sucede al mismo tiempo, así que mientras escribo estas líneas, en otra dimensión, estoy firmando libros, porque soy una autora Best Seller). Quería irme. Lo deseaba. Lo sentía. Y me emocionaba empezar una nueva aventura en un país extranjero. Pasar meses y meses sin poder mover ficha, por no tener un comprador, no la contemplaba.

Como podrás imaginar, lo de “lo tenéis difícil para vender” fue un mantra que se fue repitiendo a medida que informábamos a amigos y familiares de nuestra decisión; hasta los de las agencias inmobiliarias nos metían el miedo en el cuerpo, contándonos las dificultades que había para sacarse de encima los pisos. Mi respuesta siempre era la misma: el piso ya está vendido. Y aunque me miraban como si estuviera loca, me daba igual.

¿Cómo terminó la cosa? Hice las fotos del piso, las colgué en todos los portales de venta de pisos online que encontré y, convencida de que ya estaba vendido, lo dejé en manos del Universo. Me despreocupé.

Vendimos el piso en una semana. Se lo quedó la primera pareja que vino a visitarlo, después de verlo en uno de los anuncios  que yo había colgado en el portal inmobiliario; a los de las agencias no les dio ni tiempo de venir a hacer las fotos para poner el piso en cartera. ¿Casualidad? No creo.

Otras casualidades en mi vida:

Puedes seguir pensando que lo que me ha pasado es sólo un cúmulo de casualidades, buena suerte. Bueno, no soy yo quien te tiene que convencer de nada. Es más, tú mismo/a puedes comprobar que la magia existe. Sólo debes poner atención. Es como cuando alguien te dice “fíjate, Ana se pone colorada cada vez que habla con Pablo”. Y cuando empiezas a fijarte, ves que es verdad. ¿Cómo es posible que no te hubieras dado cuenta hasta entonces? Eso es exactamente lo que pasa con las señales del Universo. Hasta que no pones atención, no te das cuenta de que están ahí. A veces pueden ser detalles sutiles. Otras veces, señales extremadamente descaradas. Lástima que al estar tan ciegos, las pasemos por alto.

Nos llegan mensajes continuamente, de todas partes, y por distintas vías. Por ejemplo, cuando he tenido peleas con mi marido, me han llegado recados a través de la televisión. No me he fumado nada si es lo que estás pensado. Hace años que me di cuenta que, después de una pelea de esas subiditas de tono con él, cuando me sentaba delante de la tele (con un cabreo de tres pares de narices), los personajes de la película o de la serie que miraba, se ponían a hablarme. Te juro por lo más sagrado que tengo, que lo que decían iba dirigido a mí. Empezaban a conversar sobre el amor, la pareja, u otros temas relacionados, consiguiendo que me arrepintiera de haberme peleado con una de las personas que más quiero en este mundo. Eran lecciones morales y espirituales en toda regla. La primera vez que me pasó, pensé que era una casualidad. Claro. Me hizo gracia. Pero con el tiempo, me di cuenta que era algo que se repetía. Joder, que probabilidades hay que te pelees con tu pareja y justo en el momento que te sientas a mirar la televisión, los personajes te echen un sermón hecho a medida para ti y las circunstancias del momento. Lógicamente, surgen dudas. ¿Estaré viendo cosas que no son? Pues no. Un día lo hablé con mi churri y  me dijo:

—Olga, he tenido la misma sensación que tú. Y no una vez, ni dos, sino varias. Es como si el mensaje estuviera pensado para nosotros.

¡Muy fuerte!

Esta es una de las tropecientas experiencias “casuales” que he tenido. Hay muchas más. ¿No te ha pasado alguna vez, de estar en un momento de bajón, y encontrar en la Red, o una revista, una frase dándote ánimos? A mí me pasa continuamente. Sí, ya sé, hay muchas frases de “crecimiento personal” por la Red y es fácil dar con ellas. Pero no me dirás que encontrar la frase que necesitas, justo en el momento exacto que la necesitas, no es una “casualidad” muy rara.

Si decides hacer la prueba, y estar más atento/a a las señales, debes saber que algunos mensajes vienen con sentido del humor. El otro día, por ejemplo, leí en un blog la historia de una chica que se acostó con un tipo que tenía el pene en forma de garfio. Pero lo que me llamó la atención, no fue eso, sino que al final del post, explicaba que a la mañana siguiente, aún con el impacto de haber dado con un pene tan peculiar, una furgoneta con el logotipo de un pirata con garfio se le plantó delante. La pobre se meaba de la risa, claro. No fue casualidad. El universo es muy cachondo.

Ya sabes. Continuamente están enviándonos señales. Sólo hay que saberlas leer. Podría explicarte un montón de anécdotas más, pero por hoy ya es suficiente.

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Sobre la autora

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.

Que mejor ejemplo de casualidades y sincronicidades que mi primera novela “El Hilo Rojo“. Nadie puede escapar a su destino.


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