La sorprendente historia del amante oculto en el ático:

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La increible historia del amante en el ático

No me lo puedo creer


El amante oculto en el ático:

En el imaginario colectivo siempre está presente la típica escena de la mujer sugiriendo al amante que se esconda en el armario para que su marido no le vea. Pero hay mujeres que pueden ir un paso más allá, como Walburga (apodada Dolly) Oesterreich, la cual consiguió mantener a su amante, oculto en su casa, durante una década. ¿Quieres descubrir su historia? Pues sigue leyendo.

El principio de la sorprendente historia:

Walburga Korschel, conocida por todo el mundo como Dolly, nació en 1880 y era hija de un inmigrante alemán. Se crió en una granja, en Wisconsin, y a los 20 años se casó con un rico empresario textil: Fred William Oesterreich.
Después de la boda, la vida de Dolly, a pesar de se acomodada, distaba mucho de ser feliz. Fred era un bebedor empedernido y además, era incapaz de satisfacer la exagerada libido de su esposa.
En 1913, a los 33 años, Dolly se fijó en un chico de tan solo 17: Otto Sanhuber. El chico trabajaba en la fábrica de su marido, reparando máquinas de coser. Y como no, la máquina de coser de Dolly pronto requirió de los servicios del joven. La mujer pidió a su marido que enviase el joven a su casa para repararla, con la idea de recibirle con un camisón de seda y una sonrisa.
A partir de ese día, el joven y Dolly empezaron a mantener una relación. Primero se veían a escondidas, en hoteles locales, pero poco tiempo después la discreción de Dolly empezó a hacer aguas, invitando a Otto a mantener relaciones sexuales en su propia casa, en el lecho marital.
Las continuas visitas del chico empezaron a levantar sospechas entre los vecinos y, a pesar de las explicaciones de Dolly, que se inventó que Otto era un pariente lejano, estos dieron la voz de alarma a Fred, el marido.
Dolly esquivó las preguntas de su marido diciendo que el chico era algo así como «un medio hermano vagabundo» y dispuesta a continuar su historia de amor (sexo) con Otto, ideó un plan:

Otto podía dejar su trabajo y mudarse a vivir al ático de la casa para ser su amante a tiempo completo; Fred, su marido, jamás subía al ático.

Parecía un plan perfecto pero… ¿saldría tal y como habían planeado?

Un plan con un final trágico:

Otto se trasladó a la minúscula habitación del ático de Dolly, la cual sólo tenía una cama y un escritorio. Pero al chico no le importó vivir en esas condiciones durante años. Era un «esclavo sexual» de Dolly (así se definió él mismo) y en sus ratos libres, que eran muchos, se dedicaba a escribir historias de sexo y asesinatos. Dolly incluso le ayudó a publicar algunos de esos relatos, los cuales envió a distintas revistas de la ciudad con un pseudónimo.
En 1918, Fred, el marido de Dolly, decidió expandir su negocio y comunicó a su esposa que iban a trasladarse a Los Ángeles. Ella estuvo de acuerdo, pero le puso una condición: la nueva casa debía tener un ático.

Una vez en LA, Otto se instaló de nuevo en casa de los Oesterreich, sin que el incauto marido de Dolly sospechara nada.
Te preguntarás que cómo es posible que el marido de Dolly no se percatara de nada. Bueno, no es que no lo hiciera. El hombre oía ruidos en el ático, le desaparecían cigarros, y por la noche veía sombras pasar tras la puerta de su habitación.

La idea de que pudiera tratarse del amante de su esposa era tan descabellada, que de lo único que dudó Fred fue de su propia cordura.

Todo transcurría con aparente normalidad, si es que hay algo de normal en tener un amante encerrado en el ático de casa, hasta el 22 de Agosto de 1922. La crisis matrimonial de Dolly y Fred había llegado a su cénit, y las peleas de la pareja eran cada vez más frecuente y violentas. En una de estas peleas, una especialmente acalorada, Otto temió que Dolly pudiera salir lastimada y decidió abandonar su escondite del ático para ayudarla. De camino al salón se hizo con dos revólveres.

Otto, el amante de Dolly

Cuando Otto apareció en el comedor, Fred se abalanzó sobre él, recibiendo tres disparos en el pecho. Dolly inmediatamente tramó un plan para que su amante no terminara con los huesos en la cárcel, así que fingieron un robo. Otto la encerró en un armario y mientras ella pedía ayuda a gritos, él se escondió en el ático con el reloj de diamantes del difunto esposo. El plan salió como habían planeado. La policía se tragó que el móvil del asesinato había sido el robo del reloj de diamantes.
Después del crimen, Dolly heredó toda la fortuna de su marido y compró una nueva casa, donde continuó viviendo con su amante.

Más enredos y sexo:

Otto continuó encerrado en el ático de la nueva vivienda de Dolly; a pesar de que, a esas alturas, él ya la veía más como a una madre que como a una amante. Ambos mantenían una relación de poder-sumisión en la cual, Dolly tenía la paella por el mango. Ella disponía de Otto a su antojo y además, inició una relación con Herman Shapiro, del cual se enamoró.
El problema es que cuando uno está enamorado, hace tonterías, y Dolly no fue la excepción: regaló el reloj de diamantes, supuestamente robado, a Herman. Además, pidió a Roy Klumb, otro de sus amantes, que escondiera uno de los dos revólveres con los que Otto había matado a Fred. No contenta con eso, también coaccionó a un vecino para que enterrara el otro revólver, debajo de un rosal.
Todo salió a la luz cuando Dolly rompió, de forma no muy amistosa, con su amante, Klumb. Él, despechado, no dudó en acudir a la policía para contarles lo que sabía y Dolly fue arrestada.

Como era imposible demostrar que había asesinado a su esposo estando encerrada en el armario, los cargos de asesinato fueron desestimados y Dolly puesta en libertad.

Una imagen de Dolly, con sus abogados, la primera vez que fue detenida por el asesinato de Fred, su marido.

Fotografía: Bettmann / Getty Images

Sólo surgió un problema. Durante los interrogatorios, Dolly pidió a Herman Shapiro que llevara comida a su «medio hermano vagabundo», el cual vivía en el ático. No contaba con que Otto, emocionado al ver a Herman (era la primera persona con la que mantenía contacto, sin contar a Dolly, después de 10 años) le contaría su periplo en el ático, asesinato incluido.

El desenlace final:

Herman, echó a Otto de casa ese mismo día, para proteger a Dolly. Y Otto huyó a Canadá, donde contrajo matrimonio. Por su lado, Dolly continuó la relación con Herman, hasta 1930, año en la que rompieron su relación.

Después de poner punto final a su historia de amor, Herman, delató a Dolly y a Otto; ambos fueron arrestados inmediatamente (Otto había regresado a LA). A pesar de ser considerados culpables, Otto y Dolly se libraron de la cárcel.

El crimen prescribía a los 7 años y el asesinato de Fred William Oesterreich se había cometido hacía 8.
Dolly con uno de los investigadores

Dolly con uno de los investigadores del caso.

Durante el juicio la prensa bautizó a Otto como «El hombre murciélago de LA», por el tipo de vida que había llevado durante años en el ático; similar a la de un murciélago, y se le consideró un desviado sexual. Años más tarde su historia sirvió de inspiración para una película titulada: «El hombre en el ático» (The Man in the Attic).
Después del juicio Dolly encontró otro nuevo amor, con el que estuvo 30 años. Incluso se casó con él. Finalmente ella murió en 1961, dejando como único legado una historia que, como se suele decir es estos casos, supera a la ficción.

Puerta de unos de los áticos en los que Otto vivió

Puerta de acceso a uno de los áticos en los que Otto vivió.

¿Qué te ha parecido la historia? Amor, sexo, pasión, misterio, asesinato… Tiene todos los ingredientes de una de mis novelas ¿No crees?

No olvides dejar tu opinión más abajo. Me encantará leerla 😉


About the Author

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.


Amigas 4Ever, una historia casi tan apasionante como la de Dolly, con algún que otro amante «raro» 😀
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