¿Es posible el amor en tiempos de guerra?

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amor en tiempos de guerra

Curiosidades


Amor en tiempos de guerra:

Dicen que en el amor y en la guerra todo se vale, pero no podemos olvidar que nuestros actos siempre tienen consecuencias. Y como el amor, además, es ciego, a veces acabamos pagando los platos rotos. Justamente sobre eso trata mi post, sobre las consecuencias del amor en tiempos de guerra. Porque no es lo mismo enamorarse de un extranjero, que enamorarse de un extranjero «enemigo». Porque cuando hay un conflicto bélico se rebasan fronteras de todo tipo, hasta el punto de condenar el amor por razones ideológicas.

Amores prohibidos durante la guerra:

¿Puedes imaginar lo duro que debe ser vivir una guerra? Yo no he vivido ninguna en primera persona — por suerte — pero recuerdo algunas historias que mi abuela me contaba. Ella pasó la Guerra Civil española en Barcelona. En esa época mi abuela tenía  24 años y vivía en un pequeño piso de la capital frente a la fábrica de cervezas Damm, con su familia: sus padres, varias hermanas y un par de sobrinos; los hombres estaban luchando en el frente. Me contó que pasaron hambre, tanta, que se comían los plátanos sin pelarlos. También pasaron miedo. Mucho miedo. Aunque mi abuela quizás no tanto. Ella era una inconsciente optimista y cuando los aviones bombardeaban la ciudad, subía al terrado con su hermana Carmen (las dos eran inseparables) para ver las columnas de agua que se formaban al caer las bombas en el mar. En cambio su hermana mayor, María, entraba en pánico y bajaba al refugio antiaéreo como alma que lleva el diablo. Tanta era su desesperación, que a veces se olvidaba de sus propios hijos, unos mellizos (niño y niña) que nacieron durante el conflicto. Mi abuela también me contó que los bebés dormían en unas cajas de fruta  que habían acondicionado como cuna.

No sé vosotros pero yo, por más que lo intento, me cuesta ponerme en situación. ¡La vida debía ser muy cruda! Quizás por eso me es fácil entender  que en momentos de guerra las personas se refugien en el amor y en el sexo (o ambas cosas a la vez), en busca de la felicidad perdida. Una manera agradable de huir de las circunstancias adversas. Lo que me lleva a hablar de la Segunda Guerra mundial, un momento histórico que aparece en mi primera novela: El Hilo Rojo. En ella narro varias historias de amor, un par de ellas en el transcurso de la ocupación nazi de París.

La Segunda Guerra Mundial y el amor:

La ocupación Nazi de París da para escribir muchos post, pero ahora voy a centrarme en el tema que nos ocupa: el amor en tiempos de guerra.
En 1942 (3 de años después de iniciarse el conflicto) la tasa de natalidad en Francia se disparó, a pesar de que más de dos millones de franceses (hombres ) estaban en campos para prisioneros de guerra. Y ¿cómo dejaron embarazadas a sus esposas o novias? te preguntarás. No lo hicieron. «Sus mujeres» estaban a miles de quilómetros de distancia, solas, faltas de cariño y sufriendo las consecuencias de la ocupación. Desde mi punto de vista se daban las mejores circunstancias para salir a buscar amor ¿qué mejor momento sino?

Se calcula que nacieron unos 200.000 niños de las relaciones nacidas entre francesas y alemanes. Un 30% de los bebés nacidos en París, en ese momento, eran «ilegítimos».

Pero a pesar de que las relaciones entre «ocupadores» y «ocupadas» pueda parecer algo positivo, teniendo en cuenta aquello de «haz el amor y no la guerra», no lo fue en absoluto. No al menos para ellas y sus hijos.
Amar a un alemán era sinónimo de ser «mala francesa» y muchas de esas mujeres pagaron caro su idilio, que pasó del amor al dolor. Tuvieron que hacer frente a represalias por parte de sus propios compatriotas una vez terminada la guerra y sus hijos fueron el objeto de burlas, sufriendo el escarnio de compañeros en los patio del colegio. Les decían que era hijos de un “boche” (asno), palabra utilizada por los franceses para referirse despectivamente a los alemanes. Además, los vecinos les veían como hijos del enemigo invasor y os podéis imaginar que, en esas circunstancias, las pobres criaturas no recibían demasiado cariño ni amor.
Para evitar estos problemas el régimen de Vichy decidió establecer el denominado “derecho de nacimiento anónimo” que permitía dar en adopción, nada más nacer, a los niños franco-germanos para que no se supiera el nombre de sus verdaderos padres.

No todos los embarazos fueron fruto del amor. Tristemente muchas de las mujeres con maridos en el frente pasaban apuros económicos y optaron que ejercer la prostitución clandestina parar subsistir y sacar adelante a sus hijos.

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¿Qué pasó después de la guerra?

Pasó lo que suele pasar en estos casos, que los que han sido oprimidos se rebelan y arremeten contra los que menos culpa tienen. La única consigna durante la liberación era: castigar a todos los que se habían beneficiado de la ocupación. Y finalizada la guerra los franceses liberaron su rabia, enterrando las humillaciones que habían sufrido durante la ocupación, vengándose de todos aquellos que habían colaborado con los alemanes.
La locura que conlleva cualquier guerra continuó, llevando a las mujeres francesas que habían mantenido relaciones sentimentales con «el enemigo» ante la opinión pública, vejándolas de todas las formas posibles. Una de estas formas consistía en cortarles el pelo, que era una manera de humillarlas y, a la vez, reafirmar que sus cuerpos pertenecían a Francia y por ende a los hombres franceses. Aunque eso era lo más suave que les podía pasar, porque la que tenían menos suerte eran arrastradas desnudas por las calles u obligadas a dejar a sus hijos en orfanatos. ¡Qué horror! Algunas incluso pagaron sus affaires con la vida. Las fusilaron por haber mantenido relaciones con oficiales nazis o por haber colaborado con ellos.

Mujer rapada después de la liberación de París. Había rituales para rapar a las mujeres. Las lavaban. Era como un símbolo de purificación.

Uno de los affaires Franco-Alemán más sonado fue el que mantuvo al diseñadora Coco Chanel (a la que menciono, de pasada, en El Hilo Rojo) con un oficial alemán de 44 años, el Barón Hans Guenther von Dincklage. A ella no le raparon el pelo, pero quizás eso ya sería objeto de otro post.

Con la liberación de París se puso punto final a los idilios entre francesas y alemanes. Sin embargo las historias de amor continuaron y las mujeres que se habían quedado en el lado “bueno” iniciaron idilios con los soldados americanos, los cuales les parecían guapísimos. La verdad es que los americanos jugaban con ventaja. Ellos tenían ese punto exótico que tanto gusta a las mujeres, habían llegado al continente bien alimentados (físicamente estaban mejor tratados que los que habían sufrido la guerra en primera persona) y además, eran héroes, ya que habían liberado a Francia del nacismo. Por su parte, a ellos  las parisinas les parecían encantadoras y seductoras; debía ser por esa tendencia que todos tenemos a ver siempre mejor lo de fuera que “el producto nacional”.

En El Hilo Rojo hablo de la liberación de París y de los soldados americanos (Atención, esto que voy a decir puede ser un Spoiler) y cómo consiguen que dos de los protagonistas acaben juntos gracias a los celos que genera su llegada a la ciudad. Si quieres descubrir más tendrás que leer el libro, en el cual también cuento cómo funcionaba el sistema de prostíbulos que montaron los alemanes en la capital francesa. ¿Interesante, verdad?

Gracias por leer hasta el final. No olvides  comentar y compartir.


About the Author

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.


En El Hilo Rojo cuento más curiosidades sobre el amor y las relaciones durante la segunda guerra mundial.
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