Cómo elegir un buen libro para leer:

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Elegir un buen libro:

Si estás leyendo este post, es porque te ha llamado la atención el título. Incluso me atrevería a decir que eres un ratón de biblioteca o alguien a quien le cuesta tomar decisiones en la vida. Sea lo que sea que te ha llevado hasta aquí, ya te adelanto que no encontrarás una fórmula mágica para dar con el libro de tu vida. Ni tan siquiera con un buen libro. Entonces, te preguntarás porqué he puesto “cómo elegir un buen libro para leer” si no te voy a contar cómo. La respuesta es muy sencilla, y muy complicada a la vez. ¿Puedes definir que es un buen libro?

Ahí es donde quería ir a parar. Llevo semanas de bajón, preguntándome si lo que escribo, mis libros, tiene suficiente calidad para el lector, si son, en definitiva, “un buen libro”. Y he llegado a la conclusión que sí. Son buenos. Exactamente igual que cualquier libro, de los millones que hay publicados.

¿Qué es un buen libro?

¿Hay una sola forma de definir qué es un buen libro? No. Rotundamente no. Es imposible definirlo, por una sencilla razón: los libros no existen. O dicho de otra manera, sólo existen dentro de la cabeza del lector. En su mente. Lo que me lleva a la segunda pregunta. ¿Es neutra la mente del lector? Pues no. Es evidente.

Las personas tenemos filtros a través de los cuales tamizamos la realidad. Vendrían a ser los pinceles que dan existencia al lienzo de la vida. Cualquier cosa que ocurre, es un esbozo sin color, y nosotros somos los encargados de pintarlo, dándole carácter y personalidad. Lo hacemos siempre a través de nuestra manera de ver las cosas, que a su vez, está influenciada por las experiencias que hemos vivido y el bagaje cultural con el que cargamos. Cargamos. Ese es el verbo adecuado. Porque nuestra cultura es una mochila llena de prejuicios, que nos lleva a emitir juicios de valor sobre lo que no conocemos (o creemos, erróneamente, conocer). Nos convierte en seres intolerantes que no aceptan la forma de pensar y de ver la vida de otros. Ahora podríamos entrar a discutir sobre si es el otro tiene más o menos razón que nosotros, o sobre si su forma de actuar nos perjudica o no. Pero si lo hiciéramos, una vez más, estaríamos valorándolo a través de nuestros filtros. Distorsionando (interpretando) la realidad, que es neutra.

Aceptar que existen tantas verdades como personas, jode. Pero a la vez, nos hace libres. Podríamos convenir que hay verdades más compartidas que otras. Pero no por eso son más verdad. La única diferencia es que hay más personas con filtros similares analizando los mismos hechos.

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Si entendemos este concepto, entenderemos también porque no pueden existir historias malas.

Cada libro, por pésimo que te parezca, tiene su público, el cual no dudará en calificarlo como un “buen libro”.

 Si no me crees, explícame cómo es posible que a J.K. Rowling le rechazaran el manuscrito de «Harry Potter» en 12 ocasiones. ¿Todos los editores eran malos? ¿No sabían lo que hacían? No. Lo que pasa es que sus filtros no estaban alineados con los del gran público; o al menos los de los 12 primeros. La historia del mago conectó con muchos de nosotros y sanseacabó. No hace falta darle más vueltas. Probablemente hay trabajos de más calidad, no me atrevería a decir literaria, llamémosla idiomática. Autores que usan adjetivos más perfectos, palabras más rebuscadas, con una sintaxis exquisita. ¿Y qué? Si quisiéramos eso, leeríamos manuales de gramática. Personalmente, lo que busco en una obra, es que me haga vibrar, disfrutar y vivir aventuras.

Aventuras. Eso me lleva a otro punto clave para comprender que un “buen libro” es algo totalmente subjetivo. Lo vi claramente hace un par de días, al dar con la entrevista que le hacían a una de las autoras de novela romántica que más vende en España; no sé si también en Latinoamérica. Contaba esta autora que cuando leía novelas, nunca se sentía identificada con los personajes. Y que por eso, cuando empezó a escribir sus propias historias, decidió que las protagonistas se parecieran a ella y a sus amigas. Chicas normales, con problemas normales, a las que les sucedían cosas normales. Y añadió (palabras textuales): “a ninguna chica la pasan a recoger en helicóptero por su casa”; supongo que refiriéndose a historias del tipo “50 sombras de Grey”. Pero lo que más me llamó la atención fue que, según ella, escribir sobre lo cotidiano había sido la clave para conectar con su público. ¡Ya lo creo! Vende cientos de miles de ejemplares.

Ahora bien, te voy a ser franca. Me leí su primera novela publicada, la que la catapultó al estrellato como escritora, y tuve que hacer verdaderos esfuerzos para terminarla (llegué al final por pura curiosidad profesional) y no me vi capaz de seguir con los libros que completaban la saga. ¡Qué sopor! ¡Por Dios! Lo siento, pero mis filtros no me permitían disfrutar la descripción de escenas anodinas, con diálogos que puedo escuchar en cualquier cafetería. Me-a-bu-rrí-an. Precisamente porque a mí nadie me recoge en mi casa en helicóptero. Por eso, cuando leo, me apetecen historias en las que a la/los protagonistas les pasen cosas extraordinarias.

Lo que quiero decir, es que en una lectura no busco sentirme identificada, lo que quiero es meterme en la piel de alguien distinto a mí para poder vivir aventuras que seguramente jamás viviré en mi vida real.

A ver ¿para qué quiero una vida ficticia parecida a la mía? Así es como yo lo veo y por tanto, así es como concibo mis historias. Mis personajes no tienen nada que ver conmigo. Son creíbles (intento que lo sean), tal vez con un toque de exotismo, y hacen vivir al lector tramas emocionantes. ¿He vendido cientos de miles de copias? No. ¿Quiere decir eso que mis libros no son buenos? Ni por asomo. ¿Son los libros de los autores best-seller mejor que los míos? Pues tampoco. Todo es cuestión de filtros. Y si no, mira estas dos opiniones de un mismo libro: «El Hilo Rojo»

El libro está escrito por mí, y aunque todo es mejorable, creo que me salió muy bien. Entonces, ¿cuál de las dos opiniones debo creerme? Ninguna de las dos. Lógicamente, mis filtros están más cerca de la reseña de arriba que la de abajo.

Hay novelas que enseguida captan a su público, conectan con los filtros. A otras les cuesta más. Aunque a menudo, la opinión positiva llega por “imposición grupal”. Si todo el mundo dice que el libro es bueno, ¿cómo vamos a decir que a nosotros nos parece una mierda? Nos adaptamos para no ser la oveja negra, mientras la masa crítica que pregona las bondades de la obra literaria X hace un efecto llamada para que más gente diga que la historia es maravillosa. Las críticas, positivas o negativas, se retroalimentan, y eso no quiere decir que el libro encumbrado sea “lo más”, ni el lapidado un bodrio. Todo depende del color del cristal con que se mire.

Entonces, ¿cómo sé si el libro que elijo es un buen libro para mí?

La única manera de saber si estas frente a un buen libro (para ti), es leyéndolo. Ni tan siquiera las recomendaciones-reseñas son fiables (lo siento por todos los booktubers y bloggers). A veces podemos coincidir con los gustos de nuestros amigos, o con la opinión generalizada del gran público. Otras, no. No te fíes del marketing. Ni de los premios literarios (no he leído yo «mierdas» premiadas ni ná). Las opiniones generalizadas no son ninguna garantía para dar con lo que te gusta; lo único que garantiza es que sigas a la masa despistada.

Lo de despistada lo digo porque hay filtros tan débiles, que se pueden modelar a base de repetición. Si un libro aparece hasta en la sopa, hay personas que acaban asumiendo que es bueno. Per se. Ya sabes, ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. Y aquí dejo mi reflexión tamizada. Lee lo que quieras y disfruta. Eso sí, como decía aquel famoso anuncio de los 80:

“Busca, compara, y sie encuentras algo mejor, cómpralo”

Súper fan de las gafas de este señor. LOL!

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Sobre la autora

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.

Decide tú mismo/a si El Hilo Rojo vale la pena o no. Pon a prueba tus filtros 😉


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