6 razones estupendas por las que envejecer no debería acojonarnos:

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Reflexiones


Envejecer no debería acojonarnos:

Hoy llevaba a mi hijo al colegio y me he tenido que reír ante su ocurrencia. Teníamos que girar con el coche por una calle, y nos hemos tenido que esperar a que pasara otro vehículo que venía en dirección contraria. El coche lo conducía una señora mayor e iba más lento que una tortuga reumática.

¡Venga, coño, que parece que vas pisando huevos! — he dicho para sacar tensión.

Por las mañanas voy acelerada, pero también es verdad que la mujer parecía (sólo parecía) que lo hacía a propósito; me saca de quicio esa gente que ve que estás esperando y, en lugar de acelerar, disminuye la marcha.

Mama, es una vieja. Va a la misma velocidad que cuando anda.

¡Ja,ja,ja! Pues también tienes razón, hijo.

No podía pedirle más velocidad. A no ser que quisiera verla en la misma situación que la señora de la foto.

Y así, de esta forma tan tonta, se me ha ocurrido hacer este post. Porque yo también voy a llegar a vieja (si Dios quiere) y, aunque conduzca con más garbo que esa pobre señora, y siga soltando tacos cuando algo me moleste, es probable que algún joven se acuerde de mi madre por no tener los reflejos y la energía de antaño (como he hecho yo con la señora). Pero caramba, alguna ventaja tendrá envejecer, ¿no? Pues sí. Ahora paso a enumerarlas.

1.Haces lo que te sale de la peineta (y te quedas tan ancha):

Mi madre siempre me ha dicho que al envejecer pierdes la vergüenza. No sé si será cierto, pero ateniéndome a mi experiencia, te aseguro que entre el arsenal de medicación que se toman los de la tercera edad, las pastillas que hacen furor son los siguientes: «MELASUDA», «MELAPELA», «AMIPLÍN» y «KETEDÉN». En casos de vergüenza residual, también se toman  «MESUDALAPOLLA» (sólo en casos extremos).

¿No te has dado cuenta de que los viejos hacen cosas que a los jóvenes ni se nos pasarían por la cabeza?

La tía de mi churri, sin ir más lejos (ya os hablé de ella en el post «Nos engañan como a chinos, ¡joder!». El máximo exponente de las ventajas de ser viejo es ella; sólo a su edad (pasado ya el ecuador de los 80) se puede llegar a un nivel de perfección ninja de «hago lo que me sale de la peineta». Te paso a relatar. La llamaré señora T (para mantener su anonimato) je, je, je…

Un día, iba la señora T de acompañante en el coche de mi suegro y su yerno. Regresaban del funeral de un pariente y pararon en una área de servicio de la autopista; para cambiar el agua al canario. Los primeros en entrar en el bar que había fueron mi suegro y su yerno. En la barra, un cliente había pedido una cerveza y una tapa de olivas, y se ausentó para ir al baño. Nada más levantarse el buen hombre, entró en el bar la señora T (creemos que estaba hambrienta). Total, que ni corta ni perezosa, se dirigió a la barra y, como si fuera la cosa más natural del mundo, empezó a picar  aceitunitas.

Situación:

• El propietario de las olivas meando, sin enterarse de que su tapa estaba siendo profanada.

• El camarero alucinando, sin atreverse a decirle nada a la señora T.

• Mi suegro y el yerno de la señora T, flipando en colores.

• ¿Y ella? Pues tan ricamente, disfrutando de un vermut por la patilla. PD: Menos mal que no le dio por trincarse la cerveza.

He de decir que la sangre no llegó al río. No pasó absolutamente nada. ¿Por qué? Porque era una persona mayor. Todos dieron por sentado que ella pensaba que las olivas eran una deferencia del bar hacia lo clientes. Pero… ¿estaba la señora T al quite de que no era así? Siempre nos quedará la duda. Ventajas de hacerse viejo.

2. La moda te la trae floja:

¿Te has fijado en el estilo de la gente mayor? Yo lo definiría con una sola palabra: cómodo. Nada de aparentar, ni de complicarse la vida. Que la ropa aprieta: bata o pantalones con goma. Que lo zapatos hacen pupa: zapatillas de estar por casa. Que la artrosis no te deja peinarte bien: pelo corto y peluquería semanal; eso sí, tampoco virguerías capilares, que el presupuesto de jubilado (en general) no da para mucho. En el caso de los hombres es más fácil, porque la mayoría están calvos.

¡Todo son ventajas! ¿Maquillaje? ¿Para qué? Si las arrugas y patas de gallo no las cubres ni con masilla. A lo natural, ¡que son dos días! Lo que antes gastabas en productos de belleza, lo puedes invertir en el podólogo. Por no hacer, no hace falta ni que te depiles; algunas ya hemos empezado antes de hora (puedes saber a qué me refiero en: «El chichi, mejor con vello y a lo loco» )

Nota: La única pieza de la que nunca puedes prescindir es del bolso. Importantísimo que lleves uno a todos lados; da igual que no pegue con la ropa o no sea de marca.

3.Tienes tiempo para todo (menos para hacer cola)

El tiempo es relativo. Ya lo decía Einstein. Y a según qué edad, más. Los mayores tienen toooodo el tiempo del mundo. Aunque si les preguntas a ellos, te dirán que no es verdad. Que el tiempo se les echa encima. A ver, a la velocidad a la que se mueven algunos tampoco es raro. De ahí su afán por colarse.

Imagina:

  • 90 años.
  • Sales de casa a buscar el pan.
  • Velocidad media: 0,2 mts/hora.

Si sales a las 8h de la mañana, llegas a la panadería de la esquina a las 9h. Eso si no te encuentras a una vecina y te paras a charlar; sobre enfermedades u otros temas de actualidad. Total, en la tienda no te plantas antes de las 10h. Jodeeerrr, ¿ahora tengo que hacer cola? Piensas. No es por no hacerla, pero echas cuentas y ves que no puedes permitirte el lujo de esperar. Sin contratiempos, no llegarás a casa antes de una hora. Y la comida aún está por hacer. Además, después de comer, una cabezadita caerá seguro. Total, que como no te des prisa, se te pasa la hora del culebrón de la tarde.

¿Quién va?

Yo, bonita. Dame una barra de cuarto.

Oiga señora, ¡que antes iba yo! Se ha colado.

Sólo quiero una barra de pan (maniobra de distracción con la que aprovechas para pagar, coger la barra y poner los pies en polvorosa).

Sí, la gente te criticará. Pero no les servirá de nada. Al día siguiente, seguirás con la misma táctica, que para eso te tomas las pastillas «Mesudalapolla».

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4.No temes a la muerte (o finges no temerla)

Todo el mundo cree que lo peor de llegar a viejo es la cuenta atrás hacia la tumba. Pero, a según que edad, que la muerte esté con el aliento pegado a tu cogote, no te perjudica, al contrario.

La ventaja de saber que pronto vas a estar criando malvas, más la ingesta de drogas del tipo «Ketedén», te convierte en una máquina de vacilar, al más puro estilo de «Pelegrí, Pelegrí, Pelegrí».

Aunque la vacilada más habitual no es acudir a un programa de tarde a tomarle el pelo al presentador. ¡No! Lo más normal es vacilar cuando el semáforo de peatones parpadea antes de ponerse en rojo. Cualquier viejo que se precie, cruzará la calle de 6 carriles, a la vertiginosa velocidad de 0,2 mts/hora, fingiendo que le da tiempo a llegar a la otra acera. Pero en realidad, lo hará para atormentar a los conductores. ¡Son unos cabrones! Nos vacilan a la cara ¿Qué te crees? ¡Les importa un pito morir atropellados! La muerte es su amiga. La llevan todo el día con ellos. Me apuesto lo que quieras a que la de la guadaña les susurra:

Pasa, ahora, pasa. Todavía no te vienes conmigo, pero vamos a joder un rato al personal.

5. Tu vida nunca más va a ser aburrida

Aburrirte, cuando eres mayor, es imposible. Por dos motivos:

  • los fallos de memoria
  • y la tecnología.

Ambas cosas combinadas hacen que los viejos disfruten de una vida llena de emoción. El móvil, por ejemplo. Si durante tu juventud es una fuente de distracción, espera a ver cuando seas mayor. Se convertirá en una puerta abierta a otra dimensión. La tecnología te asegurará infinitas horas de entretenimiento intentando descifrar cómo puñeta funciona ¡el puto teléfono!

Aunque el jolgorio no terminará ahí. También podrás enviar el mismo mensaje las veces que quieras, gracias a tu falta de memoria. Los que lo reciban (más de tropecientas veces) se van a cagar en tus muertos, pero como tú estarás tomando las pastillas «Melasopla» no tendrás problema en pasar de ellos y seguir a tu rollo.

6. Puedes hacer el gilipollas sin temer parecer gilipollas

Esta es una de las ventajas que más me mola. La encuentro extremadamente útil. En la última etapa de tu vida, si eres gilipollas, lo seguirás siendo, pero lo podrás disimular mejor.

Me explico. Si eres joven, y haces alguna estupidez como puede ser… no sé, pongamos el caso: subirte a una bicicleta no adecuada para tu tamaño (más pequeña, me refiero). ¿Vale? Si haces algo así, y estás en tus años mozos, lo primero que te dirán es que eres tonto. Y si encima te metes un leñazo, que eso te pasa por gilipollas.¡¿Cómo se te ocurre?! ¡A tu edad!

Pero ¡ay amiga! Peina canas y la cosa cambiará.

La misma situación: bicicleta + gilipollas encima de la bicicleta.

Todo el mundo riendo la gracia y de repente…

¡Pobrecita la abuela! ¿Te has hecho daño?

Bienvenido al nivel superior: Eres igual de gilipollas, pero estás mejor visto.

 Los tontos del culo de la tercera edad nos parecen graciosísimos y entrañables. ¿No me crees? Entonces, dime: qué habrías pensado si en la foto que hay al inicio del post, en lugar de una abuelita al volante hubiera alguien más joven. Pues eso. 😉

¡Estoy deseando hacerme mayor! ¿Y tú? No olvides dejar comentarios al final del post o «Ketedén» LOL!


Sobre la autora

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.


En Sapos Azules vas a encontrate con un personajes que toma las pastillas «Mesudalapolla» y «Ketedén», aunque la que da es ella. Ja, ja,ja…

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