4 Viajes románticos para sorprender a tu pareja en San Valentín:

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Viajes románticos en San Valentín

Reflexiones


¿Viajes románticos?:

Siempre digo que lo de viajar está sobre valorado. No tienes más que leer el post «Historias de amor en los aeropuertos ¡Y un carajo!» para entenderlo. Así que si estás pensando sorprender a tu pareja en San Valentín, antes de hacerlo, mi consejo es que te lo pienses dos veces. Los viajes románticos los carga el diablo, créeme. Todo empieza con “ji-jis” y “ja-jas”, “te amo”, “este va a ser el viaje de nuestra vida”… Pero puedes terminar en la mesa de un abogado, peleándote con tu pareja por la custodia del perro. Y si no, ojo al dato.

1. Viajes románticos a Venecia:

Viajes Románticos a Venecia

Qué bonito, ¿verdad? Una de las ciudades más románticas del mundo. Con esas góndolas que te pasean por los canales, esos gondoleros cantando mientras tú y tu pareja os tomáis una copita acurrucaditos debajo de una manta… ¡Pues no! Si piensas eso, es que en tu cabeza hay más fantasía que en un bosque lleno de gnomos, hadas y unicornios. En primer lugar, los canales apestan. Que ya me dirás el gusto que debe dar ir paseando con el ambiente cargado de olor a mierda. En segundo lugar, los precios para subir en esa especie de barca que te pasea por las cloacas, son desorbitados; y si encima quieres que te canten (no sé si lo hacen), o que te sirvan bebida, puedes ir preparando una segunda hipoteca para cubrir todos los gastos. Y en tercer lugar. ¡Venecia se hunde! Sí, igual que la Torre de Pisa se cae. Qué quieres, son italianos, no alemanes. Si decides visitar esta romántica (¡Ejem!) ciudad en época de lluvias, más vale que te prepares como si fueras a pescar.

Ahora bien, si eres aficionada al mundo animal, puede que hasta te guste. Porque cuando las cañerías no dan abasto, el agua rezuma por los retretes y las calles se inundan con aguas fecales, suelen salir a pasear ratas y escorpiones. “Acqua alta” lo llaman los muy cachondos.

2. Viajes románticos a París:

Viajes Románticos a París

¡Madre mía, París! La ciudad del amor por excelencia. Con ese glamur, esos monumentos, esos parisinos… Mmmmm… Parece un buen plan para ir a pasar un fin de semana romántico o hacer una escapadita en San Valentín. ¡Error! Lo que nos han vendido de esta ciudad no tiene nada que ver con la realidad. Puede que hace años, sí. Pero ahora mismo, ir a París es un deporte de riesgo. Hace unos 25 años, viajé allí con mi hermana. Lógicamente, lo primero que hicimos fue visitar la Torre Eiffel. Fue fácil. Nos acercamos a la taquilla, esperamos un tiempo razonable y compramos un par de entradas para subir hasta el segundo piso, en ascensor (lo nuestro nunca ha sido el esfuerzo físico). En cambio, la última vez que estuve allí, hará un par de años, mi familia y yo nos tiramos una hora en la cola, pasamos por un arco detector de metales y tuvimos que dejar que nos escanearan el bolso y la mochila con rayos X… lo único que nos faltó fue la foto de frente y de perfil y dejar nuestras huellas dactilares.

Además, en distintas zonas de la ciudad, nos cruzamos con varios grupos de policias o militares. No me quedó claro. Estaban de toma pan y moja, pero también armados hasta los dientes. Una especie de Robocops afrancesados. Puede que suene un poco paranoica, pero esos machotes con metralletas, a parte de ponerme tontorrona, me daban mal rollo. Me pregunto si les hacen test psicológicos antes de armarlos porque… ¿qué pasaría si a uno de ellos se le fuera la “flapa” y empezara a liarse a tiros con todo “quisqui”? Vale, puede que esté exagerando…

 Lo peor son los que se dedican a la “venta ambulante”. Te asaltan. A nosotros nos pasó cuando fuimos a visitar el “Sacré Coeur”. Un grupo de personas nos retuvieron para hacernos unas bonitas pulseritas en contra de nuestra voluntad. Supongo que con la intención de cobrar por el trabajo NO solicitado. Y digo “supongo”, porque mi hijo, asustado, se puso a llorar en plan alarma anti incendio y los tipos se acojonaron tanto, que nos dejaron en paz.

Después, ya en el templo, más controles de seguridad. Vamos, que los delincuentes campan a sus anchas (lo digo por los de las pulseritas) y a los turistas nos tratan como criminales en potencia. En fin… El segurata era un tío amargado que se cabreó con unas japonesas. ¿Por qué? Porque ellas no entendieron las instrucciones que les daba y se pasaron el control de seguridad por el “Sushi”.  Lo vimos tan enfadado, que mi esposo quiso hacerle entrar en razón. En francés (ufff, cuando lo habla me pone perraca), no fuera caso que le soltara un bufido, le comentó que las pobres señoras eran JAPONESAS y que no entendían el FRANCÉS. A lo que el hombre, todo ofendido, respondió: “¡Pero es que tampoco entienden  el inglés!”. Claro, claro. Es obligatorio saber otros idiomas, a parte del tuyo. ¡Serán tontas las japos! (modo irónico on).

 Así que ya lo sabéis: aprended francés o inglés antes de ir a Parislandia (no sea que se cabreen con vosotras).

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3. Viajes románticos a Edimburgo:

Viajes Románticos a Edimburgo

La ciudad medieval por excelencia y la gran desconocida de Europa. Dicen. ¿Y cómo no va a ser desconocida? Si los que la visitan durante los meses de más frío no salen de la habitación del hotel. Y no porque el romanticismo les lleve precisamente a mantener relaciones sexuales frente a la chimenea del dormitorio. No es tan prosaico. Más bien porque hace un frío del copón. ¡Palabra!

Mi prima fue a visitar esta romántica ciudad, en pleno invierno, con su novio inglés (que se supone que debería estar acostumbrado a las bajas temperaturas), y no tuvieron huevos de salir a la calle. Bueno, salieron, pero decidieron regresar al hotel al ver que podían morir congelados. Supongo que George Martin el autor de Juego de Tronos, se inspiró en esta ciudad para recrear Winterfell (Invernalia) e idear la famosa frase: Winter is coming (Viene el invierno).

Cara de un turista en Edimburgo.

4. Viajes Románticos a Roma:

Viajes Románticos a Roma

La ciudad eterna. Otro engañabobos. Aunque si te gustan los edificios en ruinas, una escapada romántica puede ser la excusa perfecta para visitar el Colosseum; me sorprende que el anfiteatro romano todavía aguante, teniendo en cuenta que lo construyeron los ancestros de los de la torre inclinada y la ciudad que se hunde. Ahora bien, no esperes encontrar demasiado romanticismo en una ciudad plagada de turistas que pelean para poder ver, todos, los mismos monumentos a la vez. La Fontana di Trevi, por ejemplo. Una fuente emblemática gracias a la película “La Dolce Vita” de Federico Fellini. En la que Anita Ekberg, la protagonista, se remojaba sensualmente, invitando al guapísimo Marcello Mastrioianni a unirse a ella.

¡Pero ojo! Ni tú eres Anita, ni tu pareja Marcello, ni estás rodando una película. Así que ten cuidado, porque como se te ocurra meterte en el agua, puedes terminar detenida por los Carabinieri; que no están ni la mitad de buenos que los Robocop franchutes.

Fontana di Trevi

Si aún así decides visitar Roma con tu churri, no olvides visitar el puente Milvio, lleno de candados que reflejan el amor eterno de las parejas. Los enamorados deben colocar un candado en el puente y deshacerse de la llave.

La tradición se debe al libro Tengo ganas de ti de Federico Moccia. Un Bestseller que ha hecho mucho daño. Los miles de putos candados están destrozando el puente, por no hablar de la contaminación del río con las llaves; que digo yo, que la gente se las podría meter por el culo (o en otras partes más imaginativas).

Por San Valentín mejor algo para el chochín:

Déjate de escapadas románticas y disfruta de San Valentín sin moverte de casa. Ve a lo seguro y ahórrate una pasta. Porque también son ganas de pagar para ir a oler mierda, pasar controles de seguridad, congelarte de frío o pelearte con otros turistas para sacarte un selfie en el que, además, vas a salir con cara de agobiada

Pero si no se te ocurre nada especial para hacer con tu media naranja el 14 de febrero, no te apures. En mi post «¿Es que no se puede follar normal?»  te dejo algunas ideas muy… Hooootttt…

A pasarlo bien. ¡Feliz San Valentín!

Sobre la autora

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.

Si quieres viajar por amor, hazlo leyendo «Los Dragones nunca se enamoran». Visitarás Londres y China Town.

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