10 consejos sobre cómo escribir un libro (que puedes obviar):

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Cómo escribir un libro:

Estoy hasta los mismísimos de encontrar post con consejos sobre cómo escribir un libro. Nadie necesita los consejos de un “experto” para escribir un libro. La regla básica que debes tener en cuenta para hacerlo, es la que te enseñaron en la escuela: introducción, nudo y desenlace. Y puestos a dar consejos, el mío es el siguiente: si tienes dificultades para escribir una historia con introducción, nudo y desenlace, casi mejor que plantes un árbol o tengas un hijo. No sé si me explico. Pero no dejes de escribir. Escribir es terapéutico. No importa si lo haces mejor o peor.

Escribir un libro con la intención de publicarlo ya es otro tema. Entonces sí que necesitas llegar a unos mínimos. Tampoco es que te esté descubriendo la sopa de ajo. De hecho, puedes aplicar la misma lógica para cualquier profesión. ¿Quieres cocinar porque te gusta? Cocina. ¿Quieres cocinar para otros, profesionalmente? Entonces, como mínimo, debes saber preparar bocadillos o freír huevos. Con la escritura pasa exactamente lo mismo.

Lo que quiero decir, es que no es necesario empezar con un restaurante “tres estrellas Michelin”. A eso ya llegarás; si quieres o puedes. Lo importante es empezar preparando hamburguesas y poco a poco ir perfeccionándolas. Si hay talento, con tiempo, y perseverancia, llegarás lejos; aunque sea creando la mejor cadena de hamburgueserías del mundo. Porque lo importante no es tanto lo que escribes, sino lo que disfrutas con el proceso creativo. Si además los lectores se ponen las botas con lo que leen, oye, ¡miel sobre hojuelas!

¿Reglas y técnicas hay que ponerlas en cuarentena?

Escribir es una forma más de canalizar la creatividad. Existen muchas otras: cantar, dibujar, hablar, cuidar de las plantas, hacer manualidades, componer música, contar chistes, hacer masajes, cocinar, cuidar de los hijos… Creatividad es cualquier cosa con la que disfrutes, te pase el tiempo volando, y aporte algo positivo al mundo. Un don natural que todos nosotros tenemos, porque todos, sin excepción, somos creativos.

Entonces, ¿qué papel juegan las reglas y las técnicas para escribir un libro? Yo parto de la premisa que las técnicas y las reglas son, en cierta manera, una invención. No son más que dones naturales puestos sobre papel. Y por ende, hay que darles valor en su justa medida. ¿Van a servirte? Probablemente sí. Aunque si vales para escribir, te vas a dar cuenta de que muchas de las técnicas que te dicen que deberías aplicar te salen de forma natural. Algunas, no todas. Siempre hay margen de mejora y para aprender. ¿Las técnicas deberían ser la Biblia? No. Y te voy a poner un ejemplo real para que lo entiendas.

Ferrán Adrià, la figura de referencia en el mundo de los fogones. El Salvador Dalí de la cocina. Pues bien, este señor, en una entrevista que le hicieron, dijo algo que a mí me quedó grabado. No recuerdo las palabras exactas, pero en esencia, fue lo siguiente:

Si hubiera ido a una escuela de cocina, no habría podido crear todo lo que he creado.

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¡Toma ya! La explicación que dio a continuación era muy sencilla. En una escuela de cocina le hubieran enseñado a ceñirse a técnicas, como si no existiera vida más allá de éstas. Lo que le hubiera impedido pensar “out of the box” (fuera de la caja) e inventar una nueva forma de cocinar; la cual siguen TODOS los mejores cocineros del mundo. ¿Adivinas qué nombre le pusieron a la creatividad de Ferran Adrià? ¡TÉCNICAS! Como por ejemplo, la técnica de la esferificación. Pura creatividad sistematizada y plasmada sobre papel. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿La creatividad o la técnica? Blanco y en botella.

Queda claro pues que las técnicas son útiles y maravillosas, pero no debes obsesionarte con ellas. Escribir es creatividad. Pura y dura. Lee y aplica lo que creas que pueda ayudarte a mejorar, sin dogmatismos. Aun así, si ves que escribir no es lo tuyo, alégrate. Quiere decir que eres un puto crack en otra cosa. TODOS tenemos un don. O varios (sobre todo las mujeres LOL).

Bueno, hecha ya la introducción, voy a pasar a rajar comentar lo que los “gurús” creen que debemos hacer para escribir un libro. Estas son algunas de las chorradas los consejos que he ido encontrando en la Red.


¿Cómo escribir un libro?

1. Crear un plan:El primer paso para escribir un libro es crear un plan” Y yo que pensaba que el primer paso era tener una idea… Y siguen “aquí es donde muchos autores potenciales fallan” ¿Perdón? “Tienen la intención de escribir, pero nunca se sientan y hacen un plan para lograrlo” Joder, no sé si están hablando de plasmar una historia en papel o de invadir un país extranjero. ¿De qué plan hablan? ¿Tienes que hacer un plan para cocinar una tortilla? No. Sólo debes ponerte a hacerla. Pues para escribir un libro, lo mismo. Si es tu pasión, ¿para qué coño necesitas un plan que te marque el cómo, el cuándo y el dónde? Eso es como si yo digo que me gusta chingar con mi churri, pero nunca encuentro el momento para hacerlo. No te auto engañes. Si quieres escribir un libro, EN SERIO, sacarás tiempo de donde haga falta. Sin planificar. Y no harás sacrificios (otra palabra que he visto por ahí). Si los disfrutas tanto como yo, más que un trabajo, será un hobby.

2. Identifica la necesidad del mercado: Un consejo muy “marquetero”. Hombre, si vas a crear un libro de no ficción, tiene bastante sentido. No es lo mismo escribir sobre “cómo superar una ruptura de pareja” que intentar vender “Cómo comprar el mejor cerdo basándote en el tamaño de los testículos”. Que supongo que habrá público (de todo hay en la viña del Señor), pero no es lo mismo tener 100 millones de lectores potenciales que 4 frikis lectores. Mi consejo es que escribas lo que té de la real gana. Hay muchos autores que se empeñan en escribir novelas de un género determinado, porque está de moda y piensan que así venderán más ejemplares, y luego sale lo que sale. Debes escribir sobre lo que te inspire y te guste. El hecho de que triunfes con tu libro no tiene nada que ver con el género. Tiene que ver con la calidad de la historia. Si gusta o no gusta.

3. Escribe un mínimo de 1000 palabras al día: Si te funciona ponerte obligaciones y objetivos, pues vale. Ya te he dicho que no hay reglas. Yo llevo un poco más de 3 años escribiendo profesionalmente, y no me preguntes a qué velocidad tecleo ni cuantas palabras escribo al día. No tengo la más remota idea. La atención la pongo en otras cosas. Cuando me siento delante del ordenador, me meto dentro de la historia y ya está. Hay días que estoy más fresca y todo fluye. Y otros que estoy más disipada y voy más lenta. Me da exactamente igual. Lo disfruto. Punto. La práctica es lo único que va a darte soltura. No hay más. Mi primer libro, El Hilo Rojo, tardé casi 2 años en publicarlo. Todo era lento. A parte que tuve que documentarme bastante (está ambientado de 1900 a 1946), todo era nuevo para mí: escribir, corregir, editar, maquetar… Ahora voy que me las pelo. Tipo correcaminos. ¡Mec, mec! Y creo que la calidad de mis trabajos es mucho más alta. Práctica, práctica, más práctica e ilusión. Con eso, te puedes pasar la regla de las 1000 palabras por la peineta.

4. Trabaja en tu hora creativa: Dejaros de tonterías. Escribe cuando te apetezca. Si no te apetece a menudo, puede que escribir un libro no sea más que una de tus fantasías. Más o menos como cuando yo me propongo estar en forma y no hago ejercicio (¡Qué pereza!). Cuando realmente deseas escribir un libro, y disfrutas haciéndolo, no tienes hora creativa. Todo el día es creativo. Otra cuestión es si tu cerebro (que no tu creatividad) está para trotes. En mi caso, por ejemplo, a las 8 de la noche mi energía da un bajón y no estoy para escribir; actividad que consume mucha glucosa y el cuerpo no da para más. En cambio, puedo seguir imaginando historias para mis libros o temas para mi blog. Eso sí, espachurrada en el sofá. En plan vegetal, pero haciendo la fotosíntesis.

5. Júntate con otros autores: Y añado: si puede ser, en un polideportivo. Por aquello de que haya espacio suficiente para los egos. Que sí, que habrá autores muy humildes, pero si la gente que no se dedica a escribir ya te dice cómo debes hacerlo, sin que les hayas preguntado (lo explico todo en el post “Vida y milagros de una autora indie”), imagínate qué no harán los autores. Ja, ja, ja… Eso es como decirle a un pintor que se reúna con otros pintores, a un cocinero que se reúna con otros cocineros, o a un podólogo que se reúna con otros podólogos. A eso se le llama convenciones, y sirven para explicar batallitas, intercambiar técnicas (tema que ya he comentado más arriba) o echar un mal de ojo a tu competidor. Que no está mal, pero si realmente quieres invertir bien tu tiempo, mi consejo (que no sirve para una mierda) es que te reúnas con amigos. Te echas unas risas con ellos y les pides que te cuenten anécdotas; lo mejor para el proceso creativo. Nota: el libro que actualmente estoy escribiendo, está basado en una anécdota que me contó una amiga un día que me invitó a tomar café. ¡Brutal!

6. Planificar el libro: No confundir con crear un plan para saber cuándo vas a ponerte a escribir (punto 1). Mira, planificar el libro es como las lentejas “si quieres las tomas y si no, las dejas”. Que te funciona. Bien. Que no te funciona. Pues también. Cada maestrillo tiene su librillo. Planificar, hasta donde yo sé, no era uno de los 10 mandamientos. Y asegurar que es lo mejor a la hora de escribir, es como discutir sobre cómo hacer una paella. O sea, una gilipollez. En lo único en lo que puedo estar de acuerdo, es en que necesitamos arroz (escribir). A partir de ahí, que cada uno haga lo que quiera. Lo importante es el resultado final. Puede salir una boñiga siguiendo técnicas ancestrales de maestros “paelleros”, o puede salir un plato para chuparse los dedos siguiendo una receta propia. Al revés también. Ni caso a los que se las dan de “expertos” y te dicen esto o aquello. Déjate guiar por tu intuición. Lo que compruebes que es mejor para ti, será lo mejor para ti. Las normas, y más si intentan coartar la creatividad individual, están para saltárselas. Y si no, que se lo cuenten a Ferran Adrià.

7. Elabora fichas de personajes: En mi caso, los personajes cobran vida dentro de mi cabeza como un todo. Aparecen. ¡Pluf! Los puedo sentir. La sensación es la misma que cuando recuerdo a alguien real. Aparece en mi pantalla mental. Y aunque físicamente no soy capaz de verles con detalle, sé cómo son, oigo su tono de voz, siento la energía que transmiten… Y me ahorro las tediosas fichas de personaje. Bueno, no del todo. Las uso para acordarme de detalles sin importancia: el color de los ojos, el color del pelo, la longitud del mismo, el nombre del personaje (si son secundarios es fácil colarse)… Es cierto que se trata de información importante, la cual debo recordar para no entrar en contradicciones al escribir la novela; en la vida real a nadie le va cambiando el color de los ojos, y en la ficción tampoco debe ocurrir (a no ser que quieras que ocurra). Lo que está claro es que a mí, hacer una ficha en la que ponga que al personaje le guste hacer macramé, no va ayudarme a plasmar su personalidad en papel. En cambio, su forma de hablar, su forma de comportarse, las sensaciones que produce en otros personajes… eso sí que será clave para conseguir veracidad en el mundo de la ficción. Personalmente, las listas tipo “Gestapo” para crear personajes no me convencen. Pero si tú las encuentras prácticas, adelante. La forma de trabajar también es la forma de expresar la creatividad y, por tanto, es única para cada uno de nosotros. No hay dos personas que hagan las cosas igual.

8. Huye de los estereotipos o clichés: Espera, que me descojono (o desovario) en tres, dos, uno… Ja, ja, ja. No me rio porque piense que es un mal consejo. Me rio porque precisamente los libros más vendidos son los que están plagados de estereotipos y clichés. Al menos en el género literario en el que yo me muevo. Conclusión: Escribe lo que te apetezca. Lo llevo diciendo desde el minuto cero. Yo siempre lo hago. En mi última novela, la protagonista es una inmigrante china que trabaja en Londres. ¿Tiene gancho? Pues no sé. Si hubiera una fórmula mágica para los best sellers ya nos hubiéramos enterado. Pero la pura verdad es que nunca sabemos qué atrapará al lector. Así que disfruta lo que escribes y ya está.

9. Corrige lo que escribes: Un adelanto, por si acabas de empezar. Nunca, jamás, verás tu obra en condiciones de ser publicada. Cada vez que la revises, habrá cosas que querrás cambiar. Signos de puntuación, frases, palabras sueltas… La corrección es un auténtico infierno. Mucho más si no tienes presupuesto para pagar a un corrector; que sería lo ideal. Pero si no hay presupuesto, no hay presupuesto. Así que vamos a ponerle los cinco sentidos (seis, quien los tenga) a la corrección y dar lo mejor de nosotros mismos. Traducción: a poder ser, que los lectores no se arranquen los ojos al ver lo que hemos escrito.

10. Publica: Cuando empecé, creía que era una escritora malísima. Desde mi ignorancia, estaba convencida de que a los buenos escritores todo les salía bien a la primera. Evidentemente no es así. Los que nos dedicamos a contar historias (o casi todos, porque siempre hay algún tarado que se cree el rey del mambo) siempre pasamos por ese momento de “qué mierda he escrito” o “qué vergüenza, esto no lo puedo publicar”. Hay que superarlo. Si yo hubiera tenido que dejar aparcados todos los libros con los que no estaba satisfecha, mis novelas, en lugar de estar en Amazon, estarían en Cajabon (guardadas dentro de un cajón). Escribe. No te acojones. Y si te entran dudas, haz como yo: recuerda que Ferran Adrià empezó fregando platos en una cocina. ¡Venga, manos a la obra!

No olvides compartir, comentar y darle a los emoticonos. Hacerlo te convierte en mejor escritor 😛


Sobre la autora

Olga

Autora de novelas chick lit adicta al chocolate. Soñadora empedernida. Me dedico a escribir por placer historias de amor para mujeres con humor.


Mi primer libro, El Hilo Rojo, que tardé más de dos años en terminar y publicar.

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